¡La información de la bloguera ha sido actualizada!

La página ¿Quién leches es esta tipa? ha sido actualizada, tomando como referencia el reto “Meet the artist”

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¿Cuán cómun es tu nombre en España?

Lo admito: me gustan los nombres raros. Y me gusta comprobar cuán raros son, o lo comunes que son algunos, como el mío o los de mi familia, tremendamente corrientes.

Gracias a la base de datos de nombres y apellidos del Instituto Nacional de Estadística podemos conocer a golpe de clic la cantidad de personas que tiene un nombre o un apellido y su distribución geográfica. En el caso de los nombres, te dice, si es unisex, la proporción según los sexos, la edad media de las personas que lo tienen y puedes ver un gráfico sobre cómo ha evolucionado la popularidad del nombre desde 1930; en los apellidos, cuántos lo tienen como primero, segundo o ambos.

Lo dejo porque, aunque sea por pasar el rato, es muy curioso de ver.

http://www.ine.es/widgets/nombApell/index.shtml

 

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Del diccionario al plato

La tecnología no sólo sirve para averiguar que el compañero de trabajo se ha comprado pantalones nuevos. También existen iniciativas que ayudan a combatir las desigualdades sociales.

Hay una página web, por ejemplo, llamada Free Rice, perteneciente al Programa Mundial de Alimentos de la ONU que consiste en un jueguecito de emparejar sinónimos. Cada acierto supone la donación de diez gramos de arroz a países con problemas de hambruna.

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Esta es la web en español. A la derecha podemos ver cuántos granos de arroz hemos donado con nuestros aciertos

El usuario puede crearse un perfil para compartir sus progresos, hacer grupos de discusión o elegir entre varios idiomas: español, inglés, francés, italiano y coreano.

Un repaso al vocabulario y, de paso, una buena acción.

http://es.freerice.com

 

Cuando es buena idea abandonar tu proyecto

Siempre quise escribir. Desde pequeña me apasionaba la lectura y como le pasa a muchos lectores terminé sintiendo el impulso de escribir yo también. Siempre estoy con la cabeza en las nubes, imaginándome en toda clase de aprietos, pensaba. Ideas no me faltaban. Tenía una idea en particular: llevaba años escribiendo las desventuras de un chico gafe en formato guión, se lo enseñaba a mis amigos, llegué a conocer a gente gracias a cuando colgaba sus historias y dibujos en DeviantArt. Conforme fui creciendo, ese formato se me quedó pequeño y me dije que mi prosa estaba preparada para convertir la historia en una novela. Después de diez años los personajes y las tramas estaban lo suficientemente maduros, me dije.

Pues va a ser que no. Empecé a escribir dos años atrás y me quedé en el medio de la historia. Siempre surgía algún problema: personajes que no aportaban mucho al desarrollo de la trama ni del protagonista pero que quería demasiado como para eliminarlo, escenas que me habría gustado saltarme pero debían ocurrir, situaciones que no sabía escribir…Estaba terriblemente frustrada. Las musas pasaban por delante de mi puerta sin llamar. Sabía cómo terminar la historia, por qué debían pasar los personajes, pero me sentaba a escribir el medio y no me salía nada. Me paraba a leer lo que llevaba hecho y no me atraía ni a mí. Tuve momentos de inspiración, de escribir capítulos febrilmente, dejé de prestar atención a otros asuntos de mi vida para terminar, porque me había propuesto que del verano no pasaba. Y lo único que conseguí fue una frustración que hizo que volvieran las malditas taquicardias.

Como muchas veces hago cuando tengo un dilema (y sé que no soy la única), recurrí a San Google para que me guiara. No quería abandonar el proyecto, pero no sabía cómo continuarlo. Entonces me encontré una página en inglés de escritores para escritores. Una de las entradas incluía una frase que me marcó a la mañana siguiente al despertar.

«Llora la pérdida de tu argumento y sigue adelante».

Me recordó a mis taquicardias, el dolor, la tristeza. Lo odiamos, pero son las formas que tiene nuestro cuerpo de decirnos que hay algo que va mal. El bloqueo del escritor es igual. Creía que el problema era falta de disciplina, tal vez de habilidad. Pero comprendí que lo que realmente ocurría era que era una historia que no debía ser convertida en novela.

A partir de entonces, me di cuenta de las cosas que había escrito con las que realmente estaba satisfecha. Me encanta escribir para Rebelión Galáctica. En realidad, me gusta escribir relatos cortos. Siempre he sido muy de ir al grano. Si no hubiera sido por haber intentado escribir novela, no me habría dado cuenta de dónde está mi especialidad, cuáles son mis posibilidades, dónde está mi zona de confort. Ocurrió igual que con el fanfiction: son proyectos en los que he invertido mucho tiempo y energía, que me han ayudado a desarrollar mi escritura y tantear las ideas que funcionaban y que no, pero que no estaban destinadas a ser el centro de mi vida. Ni tan siquiera nada serio.

El fin de un proyecto, como dice la canción, como la muerte, no es el final. El esfuerzo invertido nunca es en vano. El fracaso es el mejor maestro del mundo. Siempre se puede rescatar de forma puntual una idea, un concepto, una frase, una escena. Yo estoy tranquila porque mi Carlitos no va a morir junto con la trama.

El método KonMari se puede aplicar incluso a la escritura: tomas todos esos apuntes, los aprietas contra tu pecho, les das las gracias por todo lo que has aprendido con ellos y lo mucho que has disfrutado escribiéndolos, y te deshaces de ellos.

La violencia no entiende de sexos

Hoy en día a los Martes y Trece (si se volvieran a juntar) se les caería el pelo si se les ocurriera hacer el sketch en que Millán decía eso de “Mi marido me pega” (recordemos, en favor del dúo, que en los años en que se grabó la violencia en la pareja era un asunto doméstico que quedaba entre la pareja, del que nadie hablaba y a quien nadie le importaba). Últimamente no hago más que ver manifestaciones y escuchar consignas acerca de la “lacra” de la violencia de género. Esto es bueno, porque la violencia es algo intolerable. Pero no puedo evitar pensar que se está haciendo algo muy mal: siempre que se habla de la violencia en la pareja, se habla de un hombre que maltrata a una mujer. Cada vez que ocurre un asesinato en que la víctima es una mujer y el marido o pareja o ex-pareja es un hombre, o incluso aunque no tuvieran vínculo sentimental alguno, es “violencia machista”. Y recordemos que en enero de 2018 el Gobierno de Rajoy trató de incluir en el servicio la asistencia a los hombres, que incluiría asesoramiento en cuanto a custodia y resolución pacífica de conflictos, pero debido a la oleada de críticas por parte de asociaciones, la oposición progresista y la ex-ministra de Igualdad, dio marcha atrás.

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Cómo fastidiar a tus personajes

Lo mejor de escribir, sin duda, es crear conflictos que los personajes deben superar. No ya porque somos una panda de sádicos a los que nos gusta el drama y, si se es creador, tener una especie de saco de boxeo que golpear: el conflicto es la base de la ficción. Una historia sin conflicto no es más interesante que mirar cómo se seca la pintura. Además, si hay psicólogos que recetan ciertas películas y libros a sus pacientes es porque puede ayudarnos tener un referente para nuestras vidas reales.

Tras buscar en distintas fuentes, aquí traigo una recopilación de algunos conflictos con los que podemos “torturar” a nuestros personajes:

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