Siempre quise ser escritora

Este fin de semana, uno de mis tíos me comentó que no me concebía sin mi carpeta en la mano. Aquello me hizo pensar que, efectivamente, no he dejado de escribir desde que era pequeña. De aquí a los límites de mi memoria, recuerdo haber escrito o dibujado cuanto se me venía a la cabeza, ya fueran tramas originales como fan art de mis series, películas y videojuegos favoritos, y habérselos enseñado con orgullo a todo el que quisiera prestarme atención.

Recuerdo que, en mi primer año de instituto, mi profesora de Lengua y Literatura me pidió que me pasara a verla antes de la entrega de notas y me dio su impresión sobre una serie de cuentos que había escrito y que ella había leído. Me dijo que podría escribir para la revista del instituto. Imaginaos lo que sentí yo cuando me dijeron eso. Yo era un mico y los que escribían la revista eran todos mayores; y la profesora creía que podía trabajar con ellos. Al final, no llegué a presentar nada porque la revista desapareció, pero aún conservo la emoción de pensar en ello. Aquellos que conocen mi afición me han dicho en alguna ocasión que me veían como escritora en el futuro. Al llegar a la madurez, me reí de esa perspectiva. Las ideas parecían acabarse y sólo se me ocurrían historietas con personajes de otros. No, yo nunca podría escribir en serio.

Estas últimas semanas, me he propuesto rescatar una historia que nació cuando estaba en 3º de la ESO y que, al contrario que todas las demás, no ha caído en el pozo del olvido, sino que me ha acompañado hasta después de acabar la carrera. Había pensado en hacerla en formato cómic, ilustraciones, incluso como un videojuego, pero es una historia amplia y pensé que lo mejor sería hacer un libro con ella. No ha sido hasta que he cogido el bolígrafo y me he plantado frente a la hoja que me he dado cuenta de por qué abandoné ese sueño de ser escritora. Aunque parece que cualquiera puede escribir cuatro chorradas, a mí me parece que no es nada sencillo, ni siquiera cuando a uno no le importa que se publique. Todo son dudas. ¿Cómo estructurar la trama de forma coherente? ¿Qué meter y qué dejar fuera? ¿Comprenderá el lector lo que quiero decir? Envidio a los que lo tienen claro y no se comen la cabeza. Todo son dudas ahora mismo.

Pero las ganas siguen ahí. Eso es lo mágico de las ideas, que no te dejan dormir ni pensar con claridad, que te persiguen hasta que las pones en práctica. Entonces, da igual todo.

¿Acabará bien mi proyecto? A saber.

Deseadme suerte.

 

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