Guerra al Spanglish

Hay cosas en la vida que es mejor no mezclar. Una es el alcohol y la conducción y otra, los idiomas.

Algunas veces es inevitable, por supuesto: para referirnos a un concepto que en nuestro idioma no podemos explicar, como por ejemplo el schadenfreude de los alemanes, o algo novedoso, que es lo que pasó cuando apareció la informática. Incluso hay ocasiones en que coexisten las formas española y extranjera porque dan ciertos matices: por ejemplo, el caso del bocadillo y el sándwich o el del tebeo y el cómic. Se adapta a una grafía o pronunciación más familiar y cómoda para nosotros y bienvenido, señor Concepto. Pero últimamente abundan los anglicismos inútiles. Inútiles del todo.

Los que gestionan la comunidad ahora son community managers; la gente ya no sale a correr, sino a hacer running, que es mucho más cool, claro; los jóvenes ya no recurren al amplísimo repertorio de soeces del lenguaje español, se decantan por soltar un sonoro what the fuck?! cuando algo les sorprende; la revista para chicas que ponga consejos para solucionar los rocecillos con la mejor amiga en vez de la best friend (acortado bff) merece que la quemen; no nos parece mal que nos destripen una película, pero ¡ay del que haga un spoiler!; los montajes se han convertido en fakes; y parece ser que yo debo decir que soy single en vez de soltera, porque si no la gente se compadecerá de mí.

Puede parecer que esto es cosa de pijillos o de jovencitos que ahora, con el acceso a las redes sociales, se empapan de todo lo de fuera, pero cada vez lo estoy viendo más en círculos empresariales y, sobre todo, la publicidad. En el primer caso, supongo que se debe a que aparecen nuevas estrategias, puestos y conceptos y son demasiado vagos para buscar un término español que suene decente; en el segundo, tiene toda la pinta de ser más una estrategia para que el producto suene como más molón, exclusivo. Al final, no tienes ni idea de lo que están hablando y haces como que sí para no parecer un carroza. Remito a esta campaña de la RAE:

 

Personalmente, adoro el inglés. Lo elegí como carrera universitaria porque me permitiría abrirme a horizontes nuevos, me gustaba y me sigue gustando. Pero también me gusta hablar ESPAÑOL. Por eso, hace unos meses decidí hacer el esfuerzo de desechar todos estos anglicismos de chichinabo y optar por el equivalente en castellano de las palabras que lo tienen. Muchas veces no es fácil, en ocasiones parece que salgo de la serie Cuéntame, pero está resultando un ejercicio interesante de vocabulario. Y me hace sentir un poco más patriota, por eso de que las lenguas son una muestra de la idiosincrasia de los pueblos y la globalización está promoviendo la homogeneización.

Y ahora, si me disculpan, voy a ver si consigo hacerme una autofoto decente. Los selfies, que se los hagan otros.

 

 

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