¡Que circulen!

Las dos formas más recurrentes para conseguir lectura sin tener que dejarse un pastizal es recurriendo a la biblioteca o a través de descargas de libros electrónicos Internet. Pero la gente se suele olvidar de otra fuente: el trueque.

Es una práctica que, a mi modo de ver, está infravalorada. Demonios, matas dos pájaros de un tiro: te deshaces de los libros que no quieres conservar y te llevas a cambio otro que no has leído aún o que estaba en tu lista. Lo conocí gracias a una asociación cultural, que organiza algunas veces trueques en un parque de mi municipio y en su sede tiene estanterías llenas de libros para este fin. De no haber sido por ellos, jamás habría visto algo parecido.

Sería interesante encontrar algo de eso en las bibliotecas: no hablo del llamado bookcrossing (dejar un libro en un cierto lugar para que otros lo encuentren y lo suelten también una vez los hayan leído), sino de un espacio de intercambio de ejemplares, donde los usuarios dejen los libros que ya no quieran de su casa y cojan a cambio los que quieran, supervisado y alimentado por la biblioteca con sus ejemplares de expurgo. Tengo la tentación de hacer el experimento una vez haya conseguido el puesto de bibliotecaria. ¿Qué creéis vosotros: tendría éxito o los caraduras, que se llevarían libros sin dejar a cambio, lo estropearían?

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