Mi primer carné de biblioteca

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Para que veáis las vueltas que da la vida, diré que nunca me gustaron las bibliotecas. ¿La razón? Va a sonar raro, pero el egoísmo: me parecía odioso no poder quedarme los libros para mí, eso de tener libros solo por un tiempo limitado y tener que compartirlos con otros no me gustaba nada. Yo quería mis libros nuevecitos, en mi estantería para atesorarlos y echarles un vistacito cuando me diera la gana. Los de la biblioteca estaban destrozados por las manazas de los demás y sí, había títulos muy jugosos, pero me parecía mucho mejor comprarlos y tenerlos conmigo para siempre. Además, de pequeña era muy tímida y apocada, me daba mucha vergüenza acercarme.

Creo que no fue hasta bachillerato o los primeros años de la universidad cuando tuve que entrar por obligación, para documentarme, y le cogí el gustillo a las bibliotecas. Con el certificado de profesionalidad ya fue cuando descubrí mi vocación.

Este carné está nuevecito porque, que yo sepa, nunca entré en la biblioteca de mi colegio. ¿Qué edad tendría entonces? ¿Seis añitos? Cómo se estropea uno con la edad.

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