El cansancio de estar conectad@

No tenéis ni idea de lo raro que me han mirado algunos cuando han visto que tengo un móvil antiguo, de los de concha.

Aunque reconozco lo prácticos que son los teléfonos inteligentes, quedé desencantada cuando mis padres me forzaron a usar uno que había pertenecido a mi hermana. Aunque mucha gente no lo comprenda, tengo mis razones para rechazarlos: la duración de la batería, lo molestas que son las notificaciones (sobre todo porque hay gente que se aburre y se pone a mandar chorradas por Whatsapp en los momentos menos oportunos), el hecho de que sin datos ni Wi-Fi pierden gran parte de su utilidad, mi particular desprecio por lo táctil, la resistencia del aparato y, sobre todo, ahora que estoy opositando, necesito mantenerme lo más concentrada posible.

Está bien eso de poder obtener información en cualquier parte, pero hay veces en que es mejor desconectar. No sé vosotros, pero yo he tenido problemas de dependencia a Internet, hasta el punto de ponerme nerviosa por no estar conectada. Me he visto obligada a limitar el acceso y ponerme horarios para evitarme problemas familiares, de tiempo y salud. No se puede pasar uno la vida pegado a una pantalla.

Me acuerdo de un artículo de Iñaki de la Torre para la revista Quo llamado E-Proyecto Hombre, en el que habla de una terapia que se lleva a cabo en una clínica de Seattle para superar la adicción a Internet, basada en suplir la desconexión con diversas actividades estimulantes e interacción social cara a cara. Se incluye un pequeño cuestionario que muestra algunos síntomas alarmantes. Cito textualmente, según se indica, tener más de cinco es motivo para ver a un especialista:

  • Cada vez paso más tiempo conectado a Internet o con gadgets.
  • Hago intentos en vano de reducir la dedicación.
  • Euforia exagerada cuando vuelvo a conectarme o comienzo a jugar.
  • Siempre estoy deseando echarle más horas.
  • Desatiendo a mi familia y a mis amigos.
  • Me siento inquieto cuando no estoy online. 
  • Estoy siendo deshonesto con los demás.
  • Mi uso del PC me causa problemas en el trabajo o en los estudios.
  • Me siento culpable, avergonzado, ansioso o deprimido por mi propia conducta al respecto.
  • Mis patrones de sueño han cambiado últimamente.
  • Cambios físicos, como ganar o perder peso, dolores de espalda o de cabeza, síndrome del túnel carpiano…
  • Estoy dejando otras actividades que me gustan.

 

¿Qué os ha salido a vosotros?

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