Cómo dar la mejor versión de ti mismo y no morir intentándolo

El afán por ser productivo me ha pasado factura emocional y física, no lo escondo. En estos tiempos hay tanta competitividad que hasta intentamos convertir a nuestros hijos en genios antes de que hayan salido siquiera del útero. Para encontrar trabajo hay que ser el mejor, estar en todas partes, ser completamente eficiente, impecable. Es imposible ser así sin que haya algún coste. Es algo que me ha costado comprender, pero así es.

De modo que aquí van algunas cosillas que he aprendido para dar lo mejor de uno mismo sin caer en la trampa de querer ser Superman. Por supuesto, esto puede no funcionarle a todo el mundo, pero son recomendaciones basadas en mi propia experiencia:

  1. Lleva una agenda o planificador. Que me dieran una agenda cuando empecé a ir al instituto es una de las mejores cosas que alguien ha hecho por mí. Creo que los beneficios son obvios: ayudan a no olvidar las tareas importantes, a planificarnos, a hacer seguimientos…Prefiero utilizar un calendario para las cosas que hay que hacer en un determinado día y poner una lista de tareas pendientes y el seguimiento de las distintas áreas de mi vida en mi agenda de hojas intercambiables. Aunque quiero hablar de los planificadores en una entrada aparte, recomiendo investigar sobre los bullet journals, comenzando por el libro de Ryder Carroll El método Bullet Journal.
  2. Asimismo, lleva un diario. Aunque se puede juntar con la agenda personal (hay ejemplos de cómo la gente se sirve de códigos de colores, gráficos o dibujitos para medir su estado anímico), prefiero dejarlo aparte. Al igual que ocurre con los recordatorios de contraseñas, nunca sabes si alguien lo va a leer o si se va a perder. Recomiendo el diario de toda la vida, de cuando éramos adolescentes. No es en absoluto un hábito pueril: hay veces en que hay cosas que no podemos confiar a nadie más y escribir nos desahoga, y tiene la ventaja de que pasado un tiempo podemos leer y analizar.
  3. Haz de tu entorno un lugar inspirador. Si Marie Kondo está conquistando tantos corazones en Occidente creo que es porque nos ha ayudado a darnos cuenta de que estamos rodeados de cosas que no son ni útiles ni nos hacen sentir felices, en ese afán por aparentar o llenar vacíos con objetos. En este caso también recomiendo su libro La magia del orden, aunque hay muchísimos títulos que se han editado siguiendo su estela que vienen a decir lo mismo: deberíamos desechar (no hay por qué tirar necesariamente: siempre podemos donar, vender o hacer manualidades) todo aquello que ni nos hace la vida más fácil ni nos saca una sonrisa cada vez que lo vemos. Aparte de que sacar la basura nos ayudará a obtener espacio libre y con ello una mente más clara, haremos espacio para cosas que nos inspiran. Fotografías de la gente a la que queremos, los lugares que más amamos, un corcho donde tenemos cosas que nos recuerdan adónde queremos ir…Una de las cosas que aprendí cuando murió mi abuela de forma repentina es que es mejor acumular buenos recuerdos y la sensación de que se ha vivido una vida excitante y feliz que un montón de objetos que un día acabarán en la basura.
  4. Búscate una afición que te anime a ser mejor. De esas que quedan bien en el currículum. ¿Te gusta escribir? Escribe para concursos, fanfiction, en un blog o atrévete a probar suerte con una novela. ¿Te gusta moverte? El deporte ayudará a que estés sano y fuerte, y dice mucho sobre el afán de superación y el compromiso de una persona. ¿La jardinería? No sólo se contribuye al medio ambiente, sino que puede venir bien para cosechar ingredientes para cocinar. ¡Cocina! ¡Otra buena afición! La lista es infinita. El caso es encontrar una forma sana de pasar el tiempo que te ayude a dar la mejor versión de ti mismo. También puede permitirte explorar nuevos horizontes y empujarte a llevar a cabo retos interesantes.
  5. Trabaja tu seguridad y tu asertividad. Toda mi vida he sido tímida e introvertida, una mala combinación, pero me enorgullece decir que de lo primero se sale (pues lo segundo es un rasgo que no tiene nada de malo). Se pueden hacer cosas para trabajarlo como convertirse en un experto de una disciplina que nos apasione, cuidar el lenguaje corporal y la voz, saber decir que no cuando el corazón y la mente nos lo piden, saber recibir cumplidos…Hay multitud de libros, vídeos en Youtube y hasta clases al respecto.
  6. Aprovéchate de los recursos gratuitos de formación. El que no aprende es porque no quiere. El conocimiento es una de las mejores inversiones que una persona puede hacer. Hoy en día, por fortuna, no está al alcance de unos pocos, y no hace falta gastarse un dineral en el aprendizaje. En prácticamente todas las ciudades se llevan a cabo cursillos gratuitos de vez en cuando, convocados por asociaciones o concejalías, y si nos apuntamos a la oficina de empleo siempre ofrecen una gran cantidad de certificados y cursos, muchas veces con prácticas en empresas. Ah, y recordemos el título de este blog. Pues sí: en las bibliotecas ofrecemos toda clase de materiales y sólo hay que sacar la cartera para tomar el carné de usuario. No sólo eso, ¿dónde estás leyendo esto ahora mismo? En Internet está todo el conocimiento del mundo. Usémoslo para algo más que ver vídeos de gatitos.
  7. Lee más no-ficción. Una cosa no quita la otra, por supuesto. No quiero decir con esto que la ficción no sirva para nada. Pero te sorprendería la cantidad de cosas que uno puede aprender a partir de un libro, una revista temática, un periódico o un artículo. Sobre todo si quieres investigar sobre un tema que te interese. Leer sobre las vidas de las personas que nos inspiran, cómo superaron los baches, qué aportaron, ayuda a definir nuestro camino.
  8. Cambia tu rutina. Para mí no hay peor cosa en el mundo que el aburrimiento. No puedo con él. Me mata. Y sé que no soy la única porque, hablando claro, mucha gente haría lo que fuera por matar el aburrimiento…de ahí el auge de los juegos en el móvil, ésos que no requieren un gran esfuerzo mental pero que lo mantienen a uno como hipnotizado. Aunque formar un hábito o rutina es bueno porque el cerebro desconecta, no es tan bueno si no utilizamos esa energía ahorrada en algo. Es mejor hacer un cambio de vez en cuando, para que no se nos coma la monotonía. Volver a casa siguiendo una ruta distinta, probar una afición nueva, el estilo de vestir, unas vacaciones distintas, probar una comida que nunca antes habías probado…También es muy recomendable tratar de sustituir los hábitos y los pensamientos negativos por algunos positivos.
  9. Búscate un incentivo. Yo soy una lectora redomada, así que en mi caso utilizo los libros como chantaje emocional. “Si escribes dos capítulos más, te puedes comprar un libro”. “Si sales a caminar esta tarde y repites otros dos días más…”, “Si mandas al menos un currículum hoy…”, “Si quitas el polvo a las mancuernas y te pones en serio…”. Cada uno tenemos nuestro pecadillo, así que podemos usarlo a nuestro favor para implantar buenos hábitos. Eso sí, ¡nada de hacer trampas o no tendrá sentido!
  10. Aprende cuál es tu forma idónea para estudiar. No todo el mundo aprende de la misma forma. En realidad, se debería enseñar en el colegio que aprender no es pasarse horas y horas hincando los codos para luego vomitar los contenidos y por fin olvidarlo todo. Hay a quien le funciona, pero a la mayoría no. Conviene hacer un ejercicio de autoreflexión para ver de qué forma se nos quedan mejor los conceptos. Los hay a quien las imágenes les ayuda, escuchar, con un profesor, o solos en un ambiente relajado, enseñando a otros…En mi caso, por poner un ejemplo, he descubierto que se me quedan los conceptos cuando leo sobre el tema en cuestión y escribo sobre ello en resúmenes o blogs como éste.
  11. Entrena tu cerebro. Dicen que el cerebro es como un músculo más y, como tal, hay que darle un poco de entrenamiento. Hace algunos años se puso muy de moda el videojuego Brain Training. Aunque ahora ya parece haberse quedado atrás, sus lecciones siguen siendo valiosas: hacer cálculos matemáticos (sin usar la calculadora, claro), dibujar, leer, etc. ayudan a activar las células grises, como las llamaba Hercules Poirot. Y no hace falta gastarse dinero en una consola: jugar al ajedrez, utilizar la mano no dominante, aprender habilidades nuevas, hacer sudokus u otra clase de pasatiempos y ejercitarse también ayudan a tener una mente más clara. Y si es de una forma divertida, mejor.
  12. Desarrolla cada semana una virtud. Este es un método que llevaba a cabo Benjamin Franklin, un hombre polifacético y uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América. Tenía una lista de virtudes que quería desarrollar y dedicaba cada semana a trabajar una. Al final del día hacía una reflexión para ver si había avanzado en su propósito y cuando ya había terminado con la última virtud de la lista volvía a empezar en el caso de aquellas en las que consideraba que no se había esmerado lo suficiente.
  13. Haz una sola cosa a la vez, sin dispersarte. La multitarea no existe. Pocas personas son capaces de llevarla a cabo de forma correcta. Es mejor dividir nuestras tareas en bloques y dedicarnos solamente a ello a cada vez. Tenemos muchos ejemplos de cómo llevar esto a cabo, como la famosa técnica Pomodoro.
  14. Prueba hasta encontrar tu vocación. Esta es mi historia: yo en el instituto no sabía hacia dónde quería ir. Estaba perdida en ese mar de vocaciones y profesiones, no sabía adónde ir, no creía que fuera a encajar en ninguna parte. Era tremendamente tímida, pero muy organizada. Al final escogí una filología por mi habilidad para los idiomas. Pensaba convertirme en traductora, traducir libros y películas…Pero, allí, tuve una revelación. Libros. Eso era lo que me atraía. Y como tenía bastante trabajo que hacer, tenía que pasarme horas en la biblioteca, y descubrí que me encantaba ese lugar, silencioso, con tanto conocimiento al alcance de la mano. Se me encendió la bombilla. Allí podía ser yo misma, tan apocada como siempre, y podía dar lo mejor de mí. Eso sí, gracias a que los idiomas son imprescindibles para encontrar información útil y la literatura extranjera que dimos, nunca me arrepentí de la carrera que escogí. También amaba la escritura, y por eso estoy aquí, en WordPress. Encontrar lo que te empuja hacia adelante, lo que hace que tu corazón se desboque es complicado. A veces lleva toda una vida. Pero el momento llega, tarde o temprano, y lo mejor es que nunca es tarde. Todo lo que hayas aprendido hasta llegar allí te servirá para algo, ningún conocimiento es inútil. Esto no viene sólo a cuenta de la carrera laboral: siempre hay algo que nos fascina y que saca nuestra mejor cara.
  15. Comparte lo que sabes con otros. «¡Debería estar en un museo!». Esa protesta de Indiana Jones en la tercera película, respecto a un tesoro arqueológico del que se ha apropiado un coleccionista, me ha marcado profundamente. De nada sirve la riqueza interior si no la compartes con nadie. Quien sabe si lo que tú tienes en la cabeza le puede salvar la vida a una persona.
  16. Encuentra una forma para expresarte. Dibuja, aunque parezca que te hayas puesto el lápiz entre las nalgas. Escribe, aunque sea un bodrio infumable. Baila, aunque dé la sensación de que tienes dos pies izquierdos. Escribe un diario. Apúntate a un foro de rol. Dale golpes a un saco de boxeo. Aporrea una batería. Habla con quienes hace tiempo que ya no están contigo. Toca el piano. Únete a una de esas páginas para solteros. Lo que sea. Como he dicho anteriormente, hay cosas que no deberían quedarse dentro. Esta vez no hablo del conocimiento, de una contribución a la sociedad, sino de una válvula de escape emocional. Te hará muchísimo bien. No hay nada peor que tragarse las alegrías y las tristezas. Y, quién sabe, aparte de dejar salir muchas cosas puede que encuentres un talento que tenías escondido. Muchos artistas famosos han utilizado su arte como una forma de exorcizar sus demonios.
  17. Programa todo lo posible. Personas como Barack Obama, Mark Zuckerberg o Steve Jobs llegaban a repetir vestuario para tener que tomar las menos decisiones posibles en su día a día, y es que saturar nuestro cerebro con decisiones, por muy banales que sean, pasa factura. De modo que podemos hacer pequeñas cosas como crear un plan de comidas, cocinar toda la semana el domingo para luego congelarlo y tirar de ello a lo largo de la semana o, como hace una servidora, programar las entradas de nuestro blog o red social de cabecera para no tener que estar pendiente de cumplir con las obligaciones periódicas y ganar tiempo.
  18. Usa las afirmaciones a tu favor. Según la metafísica cristiana, tenemos una parte de divinidad y perfección dentro de nosotros, todo lo que queremos está esperando a sernos concedido, a que estemos convencidos de que lo queremos y ni nuestros pensamientos ni nuestras acciones inspiran lo contrario. Aunque la psicología ha averiguado que las afirmaciones sólo funcionan cuando la persona ya tiene una autoestima y una confianza lo suficientemente desarrolladas y que en aquellos casos en que no es así solo acentúa el abismo entre realidad y deseo, he notado que decirte palabras alentadoras ayuda a tu disposición y a cambiar de mentalidad. En Internet puedes encontrar afirmaciones útiles. Si bien el Universo no es tu hada madrina, uno se puede dar ánimos a sí mismo.
  19. Para cuando lo creas necesario. Todo lo que he dicho anteriormente está muy bien, pero hay momentos en que uno debe parar y descansar. No se puede tratar de vivir una vida cien por cien productiva. Debemos perder el tiempo en “cosas inútiles” que, al fin y al cabo, nos hacen felices o nos ayudan a descansar. No hagáis como yo, que tuve que pasar por secuelas físicas del estrés para darme cuenta de esto. Es cierto que hay que exprimir la vida, pero no estamos aquí para ser los mejores las veinticuatro horas del día.

 

Lecturas recomendadas:

El arte de no amargarse la vida – Rafael Santandreu (2011)

El método Ikigai: Despierta tu verdadera pasión y cumple tus propósitos vitales – Francesc Millares (2017)

La magia del orden – Marie Kondo (2011)

 

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