Adiós, señor Hooper: la lección más difícil de Barrio Sésamo

Jim Henson amaba la televisión, y desde que se graduó enfocó su carrera en uno de los campos más creativos que ésta podía ofrecer: la publicidad. De hecho, dos de sus marionetas más famosas, la rana Gustavo y Rowlf el perro, fueron concebidas para promocionar el café Wilkins y la comida para perros Purina Dog Chow, respectivamente. Cuando en 1969 tuvo la oportunidad de colaborar en la creación de un programa para niños en la televisión pública estadounidense, el archiconocido Barrio Sésamo, una de las bases de su éxito fue el uso de fórmulas publicitarias para ayudar al aprendizaje: repeticiones, brevedad de las secuencias, uso de melodías asociadas a conceptos…Otra fue la interacción entre marionetas y humanos, representando el mundo de los niños y el de los adultos, un entorno diverso y seguro, con el que se podían identificar niños y familiares mayores.

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El actor Will Lee acompañado por dos de los muñecos más famosos del programa: Epi y Blas

Barrio Sésamo tuvo bastantes problemas. Los profesores más conservadores pensaban que este programa les podría quitar el trabajo, al enseñar a los niños cómodamente en el salón de sus hogares. E incluso su diversidad en cuanto a la representación femenina y de otras etnias no era bienvenida en un país que precisamente en ese tiempo pasaba por brutales luchas raciales y feministas en las calles. También se criticó la conducta violenta de algunas marionetas (o el miedo que inspiraba el Conde).

Una de las cuestiones más duras a la que el equipo tuvo que enfrentarse tuvo lugar en 1982, derivada precisamente del uso de personajes de carne y hueso: el actor Will Lee, que daba vida al señor Hooper, el tendero del barrio, moría a los setenta y cuatro años. ¿Cómo darles la noticia a los jóvenes espectadores?

Los responsables de Barrio Sésamo se reunieron para decidir qué hacer. No podían simplemente sustituir a Lee como cuando desaparecía el marionetista encargado de dar vida a un muñeco. Entre las opciones que se barajaron estuvo darle unas largas vacaciones, su jubilación, su mudanza…Finalmente, después de consultar con el equipo de psicólogos, se decidió ir con la verdad por delante y contar que el señor Hooper no aparecería más porque había muerto.

Se eligió el día de Acción de Gracias del año siguiente al fallecimiento como fecha de emisión para que los niños estuvieran en familia y pudieran tener con quien hablar y resolver sus dudas. Como Lee había dejado varios capítulos filmados antes de morir, no habría pasado demasiado tiempo sin ser visto en pantalla. También se tuvo el máximo cuidado con los detalles, como no revelar que murió en un hospital para que los pequeños no le cogieran fobia a esos lugares, o no incluir flashbacks de los momentos que pasaron juntos, porque suelen asociar lo que se mueve con lo que está vivo. Además, en ese mismo episodio, se presenta al nuevo hijo de los señores Williams, dando a entender que unos se van pero siempre vendrán otros, la vida sigue su curso.

De modo que vemos a Paco Pico, un personaje que, a pesar de su enorme tamaño, tiene seis años, repartiendo retratos que ha dibujado de sus vecinos y amigos, y cuando llega al señor Hooper y declara que no puede esperar a que lo vea, se hace un tenso silencio.

— Decidme, ¿dónde está? Se lo quiero dar. Ya sé. Está en la tienda.

— Paco Pico. Él no…él no está ahí.

— Oh. Entonces, ¿dónde está?

— Paco Pico…¿No te acuerdas que te lo dijimos? El señor Hooper murió. Está…está muerto.

— Ah, sí, me acuerdo. Bueno, se lo daré cuando vuelva.

— Paco Pico, el señor Hooper no va a volver.

— …¿Por qué no?

— Paco Pico, cuando…la gente muere no vuelve.

— ¿Nunca?

— No. Nunca.

— ¿Por…Por qué no?

— Bueno, Paco Pico, están muertos…No pueden volver.

— ¡Pero tiene que volver! ¿Quién va a cuidar de la tienda? ¿Y quién me va a hacer batidos de alpiste y…y contarme historias?

— Paco Pico, yo me encargaré de la tienda. El señor Hooper me la dejó. Y te haré tus batidos y…y todos te contaremos historias, y nos aseguraremos de que estés bien.

— Te cuidaremos.

— Hm…Bueno…No será lo mismo…

— Tienes razón, Paco Pico. Nunca…Nunca…Nunca será lo mismo sin él.

— Hm…

— Pero ¿sabes qué? Deberíamos sentirnos muy agradecidos de haber tenido la oportunidad de estar con él y…haberlo conocido. Y haberlo querido mucho cuando estuvo aquí.

— Sí.

— Y, Paco Pico, aún tenemos su recuerdo.

— Pues, sí…sí, su recuerdo…Recuerdos, así fue como dibujé su retrato. De memoria. ¡Y podemos recordarlo y recordarlo y recordarlo tanto como queramos! Pero no me gusta. Me pone triste.

— Todos estamos tristes, Paco Pico.

— ¿No va a volver nunca?

— Nunca.

— No.

— ¡Pues no lo entiendo! ¡Todo iba bien! Quiero decir, ¿por qué tiene que ser así? ¡Dadme una buena razón!

— Paco Pico, así es como tiene que ser….porque sí.

— ¿Simplemente porque sí?

— Simplemente porque sí.

— Oh…¿Sabes? Te voy a echar de menos, señor Looper.

— Es Hooper, Paco Pico. Hooper.

— Es verdad.

Goodbye Mr. Hooper ( episodio 1839)

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Secuencia del final del episodio, en que Paco Pico (Big Bird) cuelga su retrato del señor Hooper en su nido. El dibujo fue realizado por Caroll Spinney, el hombre debajo del disfraz. Las lágrimas de los compañeros de elenco también eran reales.

Este episodio, pese a las reticencias iniciales de algunos colaboradores, es uno de los más famosos de Barrio Sésamo, llegando a cosechar premios como un Daytime Emmy. La historia fue recopilada en un álbum por uno de los guionistas en 1984, I’ll miss you, Mr. Hooper, y el capítulo, con la llegada de Internet, ha sido de los más recuperados en esta nueva era, en la que los niños pequeños tienen que ser testigos de sucesos escabrosos como la matanza en la escuela de Sandy Hook. En realidad, a partir de este momento el programa se atrevió a contarle a los niños otros asuntos difíciles de la vida, como el acoso escolar, las enfermedades, los padres que se van a una misión militar en el extranjero o que se divorcian o incluso están en la cárcel o el estrés postraumático (durante los meses posteriores al 11-S, sin hacer referencia directa a la destrucción de las torres).

 

Lecturas recomendadas:

No es fácil ser verde: El universo de Jim Henson – Miguel Ángel Parra (2017)

Jim Henson and Philosophy – Varios autores (2015)

 

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