La violencia no entiende de sexos

Hoy en día a los Martes y Trece (si se volvieran a juntar) se les caería el pelo si se les ocurriera hacer el sketch en que Millán decía eso de “Mi marido me pega” (recordemos, en favor del dúo, que en los años en que se grabó la violencia en la pareja era un asunto doméstico que quedaba entre la pareja, del que nadie hablaba y a quien nadie le importaba). Últimamente no hago más que ver manifestaciones y escuchar consignas acerca de la “lacra” de la violencia de género. Esto es bueno, porque la violencia es algo intolerable. Pero no puedo evitar pensar que se está haciendo algo muy mal: siempre que se habla de la violencia en la pareja, se habla de un hombre que maltrata a una mujer. Cada vez que ocurre un asesinato en que la víctima es una mujer y el marido o pareja o ex-pareja es un hombre, o incluso aunque no tuvieran vínculo sentimental alguno, es “violencia machista”. Y recordemos que en enero de 2018 el Gobierno de Rajoy trató de incluir en el servicio la asistencia a los hombres, que incluiría asesoramiento en cuanto a custodia y resolución pacífica de conflictos, pero debido a la oleada de críticas por parte de asociaciones, la oposición progresista y la ex-ministra de Igualdad, dio marcha atrás.

Tradicionalmente, la mujer ha sido sumisa a su pareja y ésta tenía todo el derecho de propinarle cuantos golpes hicieran falta o castigarla de cualquier manera para corregirla cada vez que se desviaba del camino, igual que a los animales, eso es cierto. Pero ¿no es igual de cierto que hay hombres que sufren una idéntica situación a manos de sus mujeres, novias o ex-parejas? ¿Y si hablamos de los homosexuales? Desgraciadamente, al igual que existe un doble rasero que hace que las mujeres tengamos las de perder (un tipo que se vanagloria de sus relaciones sexuales es un campeón; ella es una guarra, por ejemplo), tengo la sensación de que existe un sesgo similar para aquellos casos en que, o la víctima es un hombre o el maltratador es una mujer. Esta es una imagen satírica un poco exagerada que sin embargo me parece que resume perfectamente lo que quiero decir:

Resultado de imagen de si te aisla de tus amistades te jodes

“Marichulismos” aparte, he observado que la gente ve con mucho menos pavor que una novia aísle a su chico, que lo humille, que lo vigile o que lo trate de cambiar que cuando se trata de una situación a la inversa. Y aquí podemos ver en un trozo de un programa de Estados Unidos presentado por Jeremy Kyle en que un hombre cuenta que, para huir de su pareja, tuvo que saltar de una ventana, lo cual provoca las carcajadas del público. En España, hemos oído el caso de una mujer que se quedó postrada en silla de ruedas para el resto de su vida por hacer eso, el cual califican de “espeluznante” y “sobrecogedor”.

Una queja que se lleva repitiendo mucho tiempo es que a los hombres no les dedican campañas que les den esperanza ni los escuchan en los puntos y teléfonos dedicados a la violencia en la pareja. Incluso se dice que es común que se rían de ellos (las feministas me dirán que esa es otra consecuencia del machismo, que obliga a los hombres a ser fuertes y tener dominadas a sus parejas; yo no se lo voy a discutir). Y, de nuevo, si nos metemos en casos de violencia doméstica protagonizados por homosexuales, aquí ya hay invisibilidad. Alguna vez vemos en los telediarios mujeres que matan a sus maridos, o mujeres que matan a sus novias, pero nunca aparece ningún teléfono al que la gente pueda recurrir en casos similares, ninguna manifestación de repulsa, ningún rayo de esperanza para quienes se encuentran en la misma situación que el desgraciado o desgraciada. Lo que ha ocurrido ha sido probablemente consecuencia de una disputa o algún trastorno mental. Nadie pierde los estribos por cosas así.

Y puede que me equivoque, ruego que me corrijan, pero también me parece quede que se cataloga toda muerte violenta de una mujer a manos de su pareja masculina como “violencia machista”, sin tener en cuenta que puede haber incontables motivos por los que alguien, del género y orientación sexual que sea, decida herir o matar a su pareja. No solo los hombres heterosexuales pueden considerar a sus parejas como algo de su propiedad y a sus hijos, instrumento de venganza. Como ya he dicho, esto es solo una observación personal, ya que entiendo que la violencia machista es la que resulta de considerar a las mujeres inferiores a los hombres. Quién sabe si el objetivo de esta clasificación es inflar la estadística. Ahí no me meto.

Soy una mujer y me duele de verdad que me prevengan (mujeres, sobre todo; siempre son otras mujeres las que le dicen a una cómo vivir su vida) sobre lo malos que son los hombres. Los medios españoles, por desgracia, solo me presentan a mujeres como víctimas. Por eso, para hacer un poco de justicia, quiero mostraros campañas de otros países en los que sí que piensan en los maltratados, hombres y homosexuales.

“Ella siempre dice que soy un inútil”. “El control coactivo es violencia doméstica. Habla. Te escucharemos”. Campaña contra la violencia doméstica de la policía de Humberside, Inglaterra. Existen carteles dirigidos tanto a hombres como a mujeres.
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“¿Cuándo dejó de tratarte como a un héroe?” “Que no te dé vergüenza pedir ayuda.” El artista Saint Hoax publicó estos carteles protagonizados tanto por príncipes como por princesas Disney para concienciar al público sobre el abuso doméstico. Hoax declaró que el motivo que le impulsó a hacerlo fue la invisibilidad a la que están sometidas las víctimas masculinas.
“Aislamiento, dinero, control, celos, poder, violencia”. “No hay orgullo en la violencia doméstica”. Campaña de la asociación caritativa Broken Rainbow, de Reino Unido, contra la violencia doméstica en parejas LGBT.
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“Eso no le pasa a los tíos”. “Uno de cada seis hombres ha sufrido relaciones sexuales indeseadas o abusivas antes de los dieciocho años.” La campaña No More de la Joyful Heart Foundation, en la que han participado numerosos famosos, también se ha acordado de los hombres que sufren abusos sexuales.

 

Quizás llegue un día en que pueda llenar la pantalla con campañas reivindicativas, en que las vea paseando por Madrid y en la televisión. Mientras tanto, deseo desde aquí mucho ánimo a quien esté pasando por un trance similar. Da igual cuál sea su sexo o el de su agresor. Ese infierno puede llegar a su fin. Denunciar es el primer paso. Aunque se dice muy a menudo en los medios, recuerdo que el teléfono contra el maltrato (en España) es el 016, que no consta en la factura telefónica.

 Fuerza.

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