Speedy González, el estereotipo que enamoró a México

Aunque a muchos hoy en día les pese, hubo un tiempo en que le comedia dedicaba buena parte de sus chistes a los estereotipos raciales. Los dibujos animados de la Warner Bros., como reflejo de la sociedad norteamericana, no iban a ser menos. En realidad, si nos sorprende que la tropa de Bugs Bunny, Goofy o Betty Boop no fueran más políticamente correctos hace sesenta o setenta años, no es solo por la mentalidad de sus épocas, sino también porque el público a quien iban dirigidos los cortos era adulto. De modo que podemos observar que algunos de los cortos de la factoría muestran a ciertas razas de una forma que hoy en día se censura. Ya hemos hablado anteriormente del caso de los Once Censurados, pero existen otros casos de personajes que, si bien son criticados, no pasan de ser meros estereotipos. Estereotipos que se salvan de la quema por ser personajes entrañables. Uno de ellos es la mofeta francesa Pepé le Pew, representada como un depredador amoroso que no entiende la palabra “no” y que huele que apesta. El otro, Speedy Gonzales, el ratón más rápido de México.

Speedy Gonzales (o González) apareció por primera vez en 1953, en el corto Cat-Tails for Two dirigido por Robert McKimson. Por aquel entonces estaba en su fase primitiva y no se parecía en nada al Speedy que conocemos ahora, pero sus rasgos principales estaban ya definidos: su origen mexicano, su extraordinaria velocidad e ingenio y algunas frases características, dobladas por (cómo no) Mel Blanc. Dos años después, uno de los compañeros de McKimson, Friz Freleng, creador de la icónica pareja Silvestre-Piolín y de la Pantera Rosa, hizo algo que era muy habitual en los estudios Warner: tomar un personaje creado por un compañero para un solo corto y darle una vuelta de tuerca adaptándolo a su estilo (así fue como se fueron formando poco a poco Bugs Bunny o el pato Lucas). En el caso de Speedy, además de darle su toque personal en cuanto a su diseño, dejándolo tal y como lo conocemos hoy en día, volvió a utilizar el mismo recurso al que recurrió con Piolín, el cual había sido creado en primera instancia por Bob Clampett, y lo emparejó con su gato Silvestre. Repetir la jugada le salió redondo: el corto Speedy Gonzales ganó un Óscar al mejor corto de animación. De modo que, como en el caso de Piolín, Speedy encontró en Silvestre al que sería su enemigo por excelencia. Sin embargo, durante finales de los cincuenta y los sesenta, ese papel lo representaría Lucas.

Speedy tal y como lo diseñó el director Robert McKimson para su debut en Cat-Tails for Two en 1953

A partir de Speedy Gonzales, tanto McKimson como Freleng producirían los cortos de Speedy, algunos siendo nominados de nuevo a los Óscar (Tabasco Road, de 1957, y The Pied Piper of Guadalupe, 1961). Speedy Gonzales se convirtió en una estrella más de los estudios; en realidad, la última que habrían de crear. Querido por grandes y pequeños, se le llegó a dedicar un famoso twist. Pero con el cambio de milenio llegaron los problemas.

Anteriormente he mencionado que el público al que iban dirigidos los Looney Tunes era adulto, ya que la animación era una especie de entremés que se ofrecía en los cines antes de la proyección de la película, que mostraba normalmente una sátira de la vida cotidiana de la gente. Con la llegada y popularización de la televisión, hubo necesidad de encontrar algo con lo que llenar la parrilla, especialmente para los niños, y por ello Warner Bros. explotó con sus personajes aquel mercado. En 1999, Cartoon Network adquirió los derechos de los Looney Tunes, y fue entonces cuando los fans se dieron cuenta de una cosa: de que reponían los cortos de sus amados personajes menos los de Speedy. Cuando se les preguntó por el motivo, Laurie Goldberg, portavoz de la compañía, explicó lo siguiente:

No se ha emitido en años por sus estereotipos étnicos. Tenemos una colección muy vasta, así que queremos utilizar programas populares que no vayan a molestar a la gente. No vamos a sobrepasar los límites. No somos la HBO. Tenemos una audiencia diversa y tenemos una audiencia impresionable.

Se acusaba a los cortos de Speedy Gonzales de mostrar a unos mexicanos vestidos con una ropa rematadamente típica, de hablar en un spanglish formado por palabras sueltas en español sin ninguna clase de sentido y con un fuerte acento, de mostrarlos como una panda que, cuando no es perezosa, está todo el día y toda la noche de fiesta bebiendo. Si a los Looney Tunes ya no se les permitía vicios de ninguna clase, a Speedy y sus compadres se les relegó directamente al cajón del olvido. Si acaso, y de forma más bien irónica, se le permitía pasar como un fugaz relámpago por la filial latina de Cartoon Network, donde aquellos estereotipos no escocían tanto, según los directivos. Probablemente esta sea la razón por la que ni siquiera en Space Jam, estrenada en 1996, se le ve demasiado el pelo a Speedy.

Pero, contra todo pronóstico, fueron los propios mexicanos quienes salieron en defensa del ratoncito en Estados Unidos. Entre los argumentos que esgrimieron a su favor, está que, aunque peca de estereotipada, la creación de Speedy es uno de los pocos intentos de la animación de la época por ser inclusivos. Y, sobre todo, Speedy no es en ningún momento objeto de mofa: Speedy es un héroe. Puede que sea chiquito, pero es un personaje generoso, que siempre acude presto en auxilio de sus semejantes, los cuales viven en un estado permanente de problemas, opresiones y peligros; es lo suficientemente sagaz para salir victorioso de sus enfrentamientos con tipos mucho más grandes que él. ¿No es esta una representación halagadora de México y los mexicanos? De todas formas, como también argumentaron psicólogos y columnistas, los niños no se percatan del aparente racismo que hay en sus dibujos animados: ellos ven a un bravo ratoncito que se las hace pagar a quienes se meten con los pequeños. Ideas como el racismo quedan relegadas a las mentes adultas.

Otro ejemplo famoso de una corrección política aplicada de forma dudosa a la animación: los cuervos que aparecen en la película de Disney Dumbo (1941) han sido acusados de ser una muestra del racismo de la época hasta el punto de ser eliminados del remake dirigido por Tim Burton de 2019. Tanto el nombre del líder de la banda, Jim Crow (lo cual es una referencia a la ley del mismo nombre que promulgaba la segregación racial en EEUU) como su aspecto, gestos y voces hacían clara referencia a la población afro-americana. Sin embargo, al igual que con Speedy, numerosas voces han salido en su defensa: son estereotipos, sí, pero su papel es crucial en la película. No solo son de los pocos personajes que se compadecen de Dumbo hasta llegar a llorar de lástima por su historia, además le ayudan a volar.

De modo que, gracias a estas reivindicaciones, no solo dejaron que Speedy volviera a ver la luz, sino que se ha confirmado la producción de una película dedicada en exclusiva al ratón más rápido de México, si no del mundo entero.

 

Porky: «Primero me pidieron que dejara de tartamudear; ahora dicen que no divierto. ¡Ay! ¡Es un jamonazo ser políticamente correcto!»

Speedy: «¡Ay, ay, ay, cuéntamelo a mí!»

Looney Tunes: De nuevo en acción (2003)

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