Mardisión gitana para…

…Los bibliotecarios que pegan las hojitas con las fechas de devolución de los libros con pegamento.

¡La cantidad de guardas que me he cargado, algunas con mapas o muy bonitas, al tratar de despegarlas para poner nuevas!

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Ratas de biblioteca literarias

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Este es un punto de interés que tengo en mi biblioteca dedicado a esos personajes de ficción a los que les apasionan los libros. He seleccionado a Hermione (Harry Potter), Elizabeth (Orgullo y prejuicio), Klaus (Una serie de catastróficas desdichas), Bastian (La historia interminable), Liesel (La ladrona de libros), Atticus y Scout (Matar a un ruiseñor), Bella (La bella y la bestia), Matilda (Matilda) y Tyrion (Canción de hielo y fuego).

Por supuesto, hay muchos más, pero no tenía demasiado espacio y tampoco tengo todos los títulos disponibles en la biblioteca.

¿Cuáles son vuestros favoritos, de los ya mencionados o que falten aquí?

No solo se prestan libros en la biblioteca

Ni tampoco películas o CDs de música o videojuegos para el ordenador. Hay bibliotecas en las que también se prestan instrumentos. Es el caso de la Biblioteca Musical Víctor Espinós, en Madrid capital. No existen muchas más bibliotecas en todo el mundo que apoyen la labor de los músicos.

En esta en concreto el requisito es estar empadronado en Madrid y estar cursando estudios relacionados con la música. Entre los instrumentos disponibles están flautas, saxofones, guitarras, trompetas, violas, clarinetes, violines, violonchelos, oboes y trompas. Aparte de esto, dispone de otros, como el contrabajo, para ensayo en cabinas, las cuales se pueden reservar el mismo día. Asímismo, se pueden reservar salas para conciertos, actividades musicales o charlas.

Por supuesto, sus fondos están especializados en música y temas audiovisuales, incluyendo registros musicales y sonoros; y sus actividades giran en torno a la cultura musical, ya no solo madrileña o española, sino del mundo entero.

Aquí os dejo un reportaje de la cadena autonómica de Madrid en la que nos descubren su funcionamiento: http://www.telemadrid.es/noticias/madrid/noticia/una-biblioteca-donde-la-musca-es-la-protagonista

Y, por supuesto, la página web, desde la que podéis hacer vuestras reservas o informaros, si estáis interesados en utilizar sus servicios.

 

Las bibliotecas al alcance de todos

Las bibliotecas, como servicio público que son, deben ser accesibles para todos, independientemente de la edad, la etnia, la clase social y, por supuesto, la funcionalidad. Por eso, para que los discapacitados de cualquier tipo puedan acceder a la información y el entretenimiento que ofrecen las bibliotecas en igualdad de condiciones, se han llevado a cabo distintas iniciativas.

Nótese que esto hoy en día solo se puede encontrar en universidades, bibliotecas nacionales y públicas con cierto presupuesto.

  • Eliminación de barreras arquitectónicas en el interior y en el exterior del edificio (rampas, ascensores, buenas comunicaciones, puertas automáticas o fáciles de abrir, espacios amplios…)
  • Señalización clara, visible y complementada si es posible con una leyenda en braille.
  • Actividades que los involucren, así como una formación de usuarios adaptada. Pueden o no estar concertadas con centros especiales.
  • Extensión bibliotecaria para personas con problemas de movilidad. En Madrid y algunos puntos de España existe el servicio de Telebiblioteca para mayores de 70 años y personas con al menos un 33% de discapacidad reconocida, que lleva a cabo todo el proceso desde el domicilio, ya sea por teléfono o por Internet.
  • Catálogos y ordenadores especiales para invidentes.
  • Material especial, adaptado a cada necesidad (en braille, de lectura fácil…)
  • Programas informáticos de ampliación, lupas, etc., para aquellos con problemas visuales.
  • Software indicado para personas con dificultad de aprendizaje como ClaroRead, que se utiliza para afectados de dislexia y TDA-H (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).
  • Transcripciones de los textos.
  • Asignación de espacios cercanos a las entradas o mostradores, o traslado de materiales al pupitre por parte del personal de la biblioteca.
  • Cabinas de audición.
  • Mayor duración del préstamo; normalmente, el doble de lo habitual.
  • Servicios especiales de reprografía y escaneado para el acceso a fondos exentos de préstamo a domicilio.
  • Servicios a través de Internet, con una interfaz fácil de usar.
  • Estanterías accesibles, no demasiado altas. El mobiliario en general debe ser posible de utilizar para todos.
  • Búsqueda de libros e información bibliográfica personalizada.

 

La biblioteca de la muerte

Como estos días de atrás han estado dedicados a los difuntos, os voy a hablar de una biblioteca muy curiosa que tenemos la suerte de tener en España.

Sabemos que existen bibliotecas especializadas en un tema en concreto, y la del cementerio de Montjuïc, en Barcelona, está dedicada, cómo no, a la muerte. En realidad, esta es la segunda de las bibliotecas funerarias con mayor fondo en Europa (la primera está en Viena) y la única de este tipo en España: alrededor de tres mil seiscientos cincuenta ejemplares dedicados al último aliento.

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¡También se lee en la playa!

Bueno, mis vacaciones tocan a su fin. No voy a contar aquí mi vida, principalmente porque a nadie le importa un carajo; el caso es que esta semana pasada tuve la suerte de disfrutar de la playa después de más de una década sin pisar una, concretamente en la Costa Blanca, y allí me encontré con una visión que hizo saltar mi corazón: una biblioteca en la playa.

Y es que, pensándolo bien, si han implantado bibliotecas en las piscinas, ¿por qué no en la playa?

Por desgracia, no puedo ofrecer ninguna instantánea de cómo es la que hay en la playa de Poniente de Benidorm de día, porque no tuve la oportunidad de pasarme por la zona mientras estaba abierto. Pero a simple vista se puede apreciar que tiene una extensión nada despreciable (cuando abrió en 2015 contaba con dos mil volúmenes para préstamo) y una ludoteca contigua para los peques.

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Para que veáis que se puede disfrutar de la lectura donde sea, y aún más en las playas, donde se lee mucho mientras uno se tuesta al sol.

 

Ayudando a la Tierra desde la biblioteca

El otro día, investigando para las oposiciones, me encontré un concepto que me pareció tremendamente interesante y, vaya coincidencia, a solo un día de la jornada del Día de la Tierra.

Puede que el concepto sea más conocido como “banco de semillas”, pero estamos hablando de incorporarlo a las bibliotecas.

En el mundo de hoy, en que la agricultura se está dejando cada vez más de lado y se tiende a introducir especies foráneas porque suelen ser más rentables, hay gente que aboga por guardar semillas de plantas locales y dársela a aquellos miembros de la comunidad dispuestos a cultivarlas gratis o a cambio de una pequeña cantidad. Esto por una parte permite salvar los cultivos propios y, por otra parte, anima a otros a que guarden sus semillas y las compartan con los demás (algo que puede ser un requisito imprescindible si estamos hablando de variedades un tanto raras o de una biblioteca pequeña). Un concepto para nada nuevo, pero que pocos lugares llevan a cabo. Esto lo he encontrado en ciertas bibliotecas de Estados Unidos, y sería interesante verlo en España.

Aquí va un vídeo al respecto (en inglés y sin subtítulos):

 

 

 

Los héroes olvidados de las bibliotecas

Nos pusieron este documental durante el curso de Prestación de Servicios Bibliotecarios y me llegó tan hondo que quiero compartirlo con vosotros. Un homenaje a las muchas personas que trabajaron duro para extender la alfabetización y la cultura y preservar ambos en un momento tan difícil como lo fue la Guerra Civil.

Guardianes de las palabras

El guardián de las palabras…¿alguien se acuerda de esa película? Fue dirigida por Joe Johnson y Maurice Hunt y protagonizada por Macaulay Culkin en 1994. Trata sobre un niño temeroso, Richard, que, de camino a comprar unos clavos para construir una casa en el árbol, se ve atrapado por una tormenta y se tiene que refugiar en una biblioteca. El bibliotecario le intenta convencer de que busque un libro y se haga usuario, pero Richard solo quiere volver a casa, así que ronda la biblioteca buscando un teléfono. Entonces resbala con el agua que ha traído de la lluvia y cae al suelo, bajo la bóveda decorada con personajes literarios, que al poco comienza a gotear, convirtiendo la biblioteca entera y a sí mismo en dibujos. Para salir tiene que encontrar la salida, pasando por innumerables peligros, y consigue la ayuda de los libros Aventura, Fantasía y Horror.

 

Esta película me gustaba mucho cuando era niña (me acabo de enterar de que está basada en un libro, que va a ir de cabeza a mi lista de libros pendientes), y ahora, de mayor, me gusta aún más. Puede que no sea una obra maestra, pero es la única película que conozco que captura a la perfección la magia que encierra la literatura y que enamora a los lectores. ¡Y la biblioteca que sirve de escenario es preciosa!

Si algún día tengo la suerte de volver a dar el callo en una sala infantil, haría todo lo posible por convertirme en una guardiana de las palabras y convertir la biblioteca en un lugar donde encontrar aventuras y cosas hermosas.

 

¡Que circulen!

Las dos formas más recurrentes para conseguir lectura sin tener que dejarse un pastizal es recurriendo a la biblioteca o a través de descargas de libros electrónicos Internet. Pero la gente se suele olvidar de otra fuente: el trueque.

Es una práctica que, a mi modo de ver, está infravalorada. Demonios, matas dos pájaros de un tiro: te deshaces de los libros que no quieres conservar y te llevas a cambio otro que no has leído aún o que estaba en tu lista. Lo conocí gracias a una asociación cultural, que organiza algunas veces trueques en un parque de mi municipio y en su sede tiene estanterías llenas de libros para este fin. De no haber sido por ellos, jamás habría visto algo parecido.

Sería interesante encontrar algo de eso en las bibliotecas: no hablo del llamado bookcrossing (dejar un libro en un cierto lugar para que otros lo encuentren y lo suelten también una vez los hayan leído), sino de un espacio de intercambio de ejemplares, donde los usuarios dejen los libros que ya no quieran de su casa y cojan a cambio los que quieran, supervisado y alimentado por la biblioteca con sus ejemplares de expurgo. Tengo la tentación de hacer el experimento una vez haya conseguido el puesto de bibliotecaria. ¿Qué creéis vosotros: tendría éxito o los caraduras, que se llevarían libros sin dejar a cambio, lo estropearían?