Un pesticida sostenible…¡y volador!

Algunos de los pesticidas más usados han sido declarados “posiblemente o probablemente cancerígenos” por la OMS. Por ello, cada vez más gente se cuestiona si es necesario su uso, o si no existe una alternativa menos peligrosa para controlar las plagas de insectos. Porque algo habrá que hacer para evitar que los mosquitos se nos coman vivos, ¿no? Porque no solo dejan picaduras muy molestas, sino que también son capaces de transmitir enfermedades.

Pues bien, en Leganés han decidido poner en práctica una idea 100% ecológica para deshacerse de los bichos en una época del año en que estos proliferan: murciélagos.

Efectivamente, estos pequeños mamíferos son insectívoros, según se dice, capaces de comerse miles de insectos en un día, de modo que son una opción muy natural para mantener a raya las plagas más comunes de las ciudades, como las procesionarias o los mosquitos. El ayuntamiento de esta localidad ha colocado en varias zonas verdes de la ciudad cajitas similares a los nidos para pájaros en los que las colonias de murciélagos pueden descansar durante el día y reproducirse.

Este proyecto cuenta con la colaboración de la Asociación Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos. Aunque está aún en fase de prueba, los vecinos se han mostrado curiosos y encantados.

Si ideas como estas se muestran eficaces y prosperan, puede significar una reducción—o, con suerte, eliminación—de practicas nocivas para los humanos y para el medio ambiente. Cosas como estas muestran que no hay nada más conveniente que dejar que el equilibrio natural actúe por sí mismo, lo cual se conoce como control biológico. Ya nos han avisado de que, si terminan por desaparecer las ranas, los insectos nos comerán vivos. Ahora que los agricultores están en alerta por la cantidad de conejos que campan por los cultivos, arruinándoles las cosechas, quizás sea hora de plantearse echar una mano a sus depredadores naturales, esos a los que estamos empujando fuera de sus hábitats, si no matando directamente.

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Regalo de comunión ecológico

Es temporada de comuniones y le toca a los padres escoger un regalo para los asistentes que, aparte de ser económico, no vaya a acabar cogiendo polvo en un cajón.

Una jefa de mi madre ha llamado mi atención sobre un regalo amistoso con el medio ambiente: una copita que contiene la semilla de una flor para plantar en recuerdo de la comunión del niño.

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Esta clase de recuerdo ya lo había visto antes para un evento bastante menos alegre. Hace años, cuando se murió un pariente lejano, nos dieron en la funeraria un arbolito para plantar en su recuerdo, en lugar del típico recordatorio en papel.

Originales formas de recordar, que además ayudan al planeta.

Ecologistas en pie de guerra: la agricultura de guerrilla

Existen defensores de la naturaleza que, en lugar de usar la palabra, prefieren pasar a la acción, aunque eso suponga infringir la ley. Utilizando ciertas tácticas que se asemejan a las de los grupos guerrilleros, estas personas se apropian de espacios, no para convertirse en okupas, sino para plantar.

Todo se basa en la premisa de que existen muchos espacios, públicos o no, a los que se les podría dar un uso verde, de modo que, a la menor ocasión, normalmente con nocturnidad, y armados con palas y semillas, convierten los espacios que consideran desperdiciados en jardines y huertos. Estos espacios pueden ser tanto terrenos abandonados como la acera de una calle en una gran ciudad. Sus motivos, una sostenibilidad tanto medioambiental como social, además de la simple estética.

Se cree que el origen está en las acciones de Liz Christy, una mujer estadounidense que en los años setenta fundó un grupo de guerrilleros verdes que sembró allá por donde iba en la ciudad de Manhattan. Hoy en día no solo continúa este movimiento, sino que, gracias a las telecomunicaciones actuales, los grupos lo tienen más sencillo para organizar sus actividades. Aunque la verdad es que hay muchos que no tratan de esconderse, sino que hacen públicas sus intenciones a través de las redes sociales, páginas web o libros.

Por supuesto, cabe destacar que esta clase de acciones puede considerarse un uso indebido de los espacios públicos o privados y tiene penas de cárcel y/o multa. Quiero dejar claro que desde aquí no animo a nadie a coger el moho y plantarlo en la primera pared que vea, a modo de graffiti. Recordemos que las plantas pueden causar daños a los edificios y que algunas veces lo que se planta son variedades no autóctonos que pueden dañar nuestro ecosistema.

Con todo, no puedo dejar escapar la oportunidad de hacer una mención especial a una de las armas favoritas de estos guerrilleros: la bomba de semillas. Tan solo hay que envolver semillas con su correspondiente compost en arcilla y hacerlo una bola para tener un arma arrojadiza que no dejará cadáveres desmembrados a su paso, sino una bonita planta en cuanto las lluvias desintegren la arcilla.

 

 

La pirámide de consumo

Que el consumismo desaforado es algo que está acabando con el planeta no es ninguna sorpresa, o no debería serlo. Entre sus consecuencias está el agotamiento de los recursos naturales, la producción incontrolable de residuos…Aunque esta entrada se encuentra en la sección “Ecología”, hay otras consecuencias aparte de las que atañen al medio ambiente, ideas peligrosas como la de que todo tiene un precio o el deseo de enriquecerse a toda costa.

¿Cómo se puede evitar caer en la espiral del consumismo? Bien es cierto que muchas veces resulta complicado mantenerse al margen, pero hace tiempo encontré una pirámide que, como la alimenticia, propone soluciones más saludables, esta vez para el planeta y para nuestros bolsillos. Como no la he encontrado, lo redacto aquí y aprovecho para traducir.

 

Antes de comprar un artículo nuevo, convendría plantearse…

  1. Utilizar algo que ya tengamos en casa. En el trastero o en el fondo del armario. Puede que nos sirva perfectamente para nuestros propósitos. También está indicado para quienes compran productos para el hogar sin gastar antes lo que ya se tiene, o los que siempre van a la caza del último modelo.
  2. Intercambiar. El viejo trueque de toda la vida. Se puede utilizar en muy diversos aspectos, como es el caso del intercambio de apartamentos durante las vacaciones o libros. Hay plataformas de venta de segunda mano como Wallapop que incluyen la opción de valorar propuestas de intercambio.
  3. Pedir prestado o recurrir al alquiler. El dar prestado un objeto puede ser arriesgado según la persona, pero con las garantías necesarias no tiene por qué ser un problema (se puede recurrir a una lista de préstamos para evitar el “ah, pues no me acuerdo”, pegatinas que lo recuerden…Internet tiene bastantes propuestas divertidas a este respecto). Y, con respecto al alquiler, veréis que podéis encontrar absolutamente de todo en alquiler: coches, películas, videojuegos…
  4. Hacer uno mismo. El único límite es la imaginación…y quizás la habilidad manual. Pero si se tiene tiempo libre y ganas de mancharse las manos, en Internet y en las librerías encontraréis manuales para hacer de todo. De todo.
  5. Comprar en segunda mano. Se puede comprar, pero no un artículo nuevo, nuevo. Plataformas de venta de productos de segunda mano a través de Internet o aplicaciones para el móvil, anuncios clasificados, tiendas específicas…Muchas veces la calidad es la misma, o no se necesita un modelo nuevo del todo, sino que funcione correctamente.

Papel piedra, ¿el futuro?

<<¡Asesino de árboles!>>, con esto se suele reprender a quienes utilizan demasiados folios para una tarea. Ciertamente preocupa la cantidad de papel que se crea y, peor aún, se desperdicia cada día. Antiguamente se creaba a partir de trapos viejos; el uso de la pulpa de madera desde el siglo XIX le ha hecho un flaco favor a los bosques del mundo. Ya que los avances tecnológicos no han eliminado la necesidad de utilizar papel en muchos ámbitos, la gran pregunta es qué fuente se puede utilizar en su lugar. La respuesta puede ser la piedra.

Desde los 90 se ha estado desarrollando un papel fabricado con carbonato cálcico, una sustancia que contienen minerales como el mármol o la caliza, muy abundante en la naturaleza, y tratado con polietileno. Para su utilización no es necesario talar ningún árbol ni tampoco usar agua o ácidos para blanquearlo. Se puede moldear igual que bien que una hoja hecha con celulosa, e incluso es más resistente, con la ventaja de que resulta hidrófoba y aguanta bien el aceite. Y al no estar hecho con fibras, su tacto es más suave. Además, se puede reciclar y se fotodegrada.

Sin embargo, aún está bastante verde y tiene problemas que pulir. Por ejemplo, al necesitar un tratamiento con plásticos, no es biodegradable y su uso implicaría depender aún más de los plásticos. Aunque se puede extraer el carbonato cálcico de los restos de canteras, hace falta una extracción y materiales especiales para el encolado, lo cual aumenta su precio con respecto al papel tradicional o reciclado. Además, parece que no aguanta demasiado bien todo tipo de impresiones; impresiones láser o de temperatura caliente pueden dar problemas.

Con todo, resulta un producto bastante versátil y que podría ser un paso importante a la hora de encontrar alternativas sostenibles para la elaboración de los productos de nuestro día a día.

El calor que genera más calor

En España ya empieza a hacer fresquito, pero en Suecia están más que acostumbrados a tener esta clase de tiempo la mayor parte del año. Pensad en la cantidad de gas que tienen que consumir para calentar los edificios y los hogares. Y ahora pensad, ¿y si se pudiera generar calor a partir del calor que desprenden los cuerpos humanos?

Eso es lo que se ocurrió en 2008 a la empresa Jernhusen, al ver la cantidad de calor que desprenden las cientos de miles de personas que abarrotan la estación central de Estocolmo. Son muchas personas que desprenden una cantidad de calor que realmente no se necesita y que incluso puede resultar incómoda. Gracias a un sistema de ventilación que captura este calor y lo convierte en agua caliente, éste, con los medios de conducción adecuados son capaces de reducir el consumo de gas de una oficina cercana. Se estima que con el calor que desprenden doscientas cincuenta mil personas pudieron ahorrar cerca de un veinticinco por ciento. Lo cual en un país que necesita tanto el calor no es moco de pavo.

Aquí va un pedazo de la BBC dedicado a esta técnica (en inglés sin subtítulos):

La empresa, en vista del éxito y el interés que ha suscitado su experimento, está trabajando para aumentar el efecto y expandirlo hacia otros edificios de la ciudad y, por qué no, toda Suecia. En ese país la ecología está al alza, con incentivos y recomendaciones a la hora de construir edificios. Esperemos que esta invención progrese y pueda adaptarse, como dicen sus creadores, a las condiciones climáticas de cada lugar. En países con gran volumen de turistas esto sería tremendamente útil.

El gusano que podría salvar el planeta

El plástico dejó de ser hace años un gran invento para convertirse en una seria amenaza para la salud de nuestra biosfera. Tan solo hay que ver las imágenes de tantos mares y océanos infestados de bolsas de plástico que terminan acabando en los estómagos de aves y peces. Ha habido numerosas iniciativas para acabar con esta situación: cobrar las bolsas o eliminarlas en ciertos hipermercados, la utilización de bolsas de tela reutilizables…Pero la más curiosa de ellas es por fuerza la utilización de un pequeño aliado natural: el gusano.

Sí, esos gusanitos que crían algunos y que otros utilizan como cebo para pescar.

Estamos hablando concretamente del gusano de la cera, llamado así por su inclinación a anidar en las colmenas, destruyéndolas. Parece ser que la cera contiene una cierta cantidad de polietileno, de lo que están hechas las bolsas de plástico, y por eso los gusanos son capaces de digerirlas perfectamente.

Como estamos hablando del plástico más resistente y común, esta es una excelente noticia para el medio ambiente. Los científicos ya están estudiando su aplicación para salvar los espacios contaminados.

Y hay otro motivo más por el que nos debemos congratular: fue un descubrimiento de Federica Bertocchini, de la Universidad de Cantabria.

Tantas botellas, tantos euros

A mucha gente se la repampinfla el reciclaje, no nos vamos a engañar. Que si no sirve para nada, que si al fin y al cabo todos los residuos acaban en el mismo sitio, o, en boca de mi propio padre,<<que reciclen ellos en la planta de reciclaje y así se crean más puestos de trabajo>>. Por eso existen algunas iniciativas que intentan que la gente recicle, sobre todo las botellas que no pensamos llenar de agua y meter a la nevera.

Esto no es nada nuevo en España. Recuerdo que no hace mucho tiempo el parque Warner Madrid llevó a cabo una promoción que consistía en que las familias que llevaran un cierto número de botellas (de vidrio, si no me equivoco) tendrían entrada gratis.

En Alemania se ha llevado a cabo un proyecto muy interesante. Consiste en que latas y botellas de plástico llevan un pequeño recargo de unos pocos céntimos a fin de que, al introducirlas en una máquina situada en el mercado al final de su vida útil, se recuperen en un vale que se puede usar en la próxima compra. De esta forma sale a cuenta reciclar correctamente.

Ahí va un vídeo que he encontrado sobre su funcionamiento:

 

Ayudando a la Tierra desde la biblioteca

El otro día, investigando para las oposiciones, me encontré un concepto que me pareció tremendamente interesante y, vaya coincidencia, a solo un día de la jornada del Día de la Tierra.

Puede que el concepto sea más conocido como “banco de semillas”, pero estamos hablando de incorporarlo a las bibliotecas.

En el mundo de hoy, en que la agricultura se está dejando cada vez más de lado y se tiende a introducir especies foráneas porque suelen ser más rentables, hay gente que aboga por guardar semillas de plantas locales y dársela a aquellos miembros de la comunidad dispuestos a cultivarlas gratis o a cambio de una pequeña cantidad. Esto por una parte permite salvar los cultivos propios y, por otra parte, anima a otros a que guarden sus semillas y las compartan con los demás (algo que puede ser un requisito imprescindible si estamos hablando de variedades un tanto raras o de una biblioteca pequeña). Un concepto para nada nuevo, pero que pocos lugares llevan a cabo. Esto lo he encontrado en ciertas bibliotecas de Estados Unidos, y sería interesante verlo en España.

Aquí va un vídeo al respecto (en inglés y sin subtítulos):

 

 

 

Las baldosas inteligentes

He encontrado una nueva iniciativa que busca reducir nuestra huella ecológica, esta vez ahorrando energía. Se trata de unas baldosas desarrolladas por la empresa Pavegen, fundada en 2009 por el ingeniero Laurence Kemball-Cook, que recogen la energía de las pisadas de los peatones y la transforma en energía que puede utilizarse en el alumbrado de la ciudad en cuestión o bien almacenarse para darle después un cierto uso. Ha sido probado con una buena acogida en Río de Janeiro, la maratón de París de 2013 y Londres 2012. En España se probó con fines promocionales durante un corto espacio de tiempo.

Tiene el inconveniente de que la energía que se genera es muy pequeña, pero sigue siendo un paso adelante y ya se sabe cómo es la tecnología: lo que hoy da pobres resultados mañana puede mejorarse.

Dejo aquí el enlace a la página de la compañía  (en inglés) y un reportaje de Radio Televisión de Castilla y León: