Del diccionario al plato

La tecnología no sólo sirve para averiguar que el compañero de trabajo se ha comprado pantalones nuevos. También existen iniciativas que ayudan a combatir las desigualdades sociales.

Hay una página web, por ejemplo, llamada Free Rice, perteneciente al Programa Mundial de Alimentos de la ONU que consiste en un jueguecito de emparejar sinónimos. Cada acierto supone la donación de diez gramos de arroz a países con problemas de hambruna.

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Esta es la web en español. A la derecha podemos ver cuántos granos de arroz hemos donado con nuestros aciertos

El usuario puede crearse un perfil para compartir sus progresos, hacer grupos de discusión o elegir entre varios idiomas: español, inglés, francés, italiano y coreano.

Un repaso al vocabulario y, de paso, una buena acción.

http://es.freerice.com

 

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La violencia no entiende de sexos

Hoy en día a los Martes y Trece (si se volvieran a juntar) se les caería el pelo si se les ocurriera hacer el sketch en que Millán decía eso de “Mi marido me pega” (recordemos, en favor del dúo, que en los años en que se grabó la violencia en la pareja era un asunto doméstico que quedaba entre la pareja, del que nadie hablaba y a quien nadie le importaba). Últimamente no hago más que ver manifestaciones y escuchar consignas acerca de la “lacra” de la violencia de género. Esto es bueno, porque la violencia es algo intolerable. Pero no puedo evitar pensar que se está haciendo algo muy mal: siempre que se habla de la violencia en la pareja, se habla de un hombre que maltrata a una mujer. Cada vez que ocurre un asesinato en que la víctima es una mujer y el marido o pareja o ex-pareja es un hombre, o incluso aunque no tuvieran vínculo sentimental alguno, es “violencia machista”. Y recordemos que en enero de 2018 el Gobierno de Rajoy trató de incluir en el servicio la asistencia a los hombres, que incluiría asesoramiento en cuanto a custodia y resolución pacífica de conflictos, pero debido a la oleada de críticas por parte de asociaciones, la oposición progresista y la ex-ministra de Igualdad, dio marcha atrás.

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Una cosita que deberíamos tener clara, amigas feministas: El origen de «coñazo»

No es cien por cien seguro que «coñazo» derive de «coño» y por tanto sea una injusticia que «cojonudo» tenga connotaciones negativas mientras que la referencia al órgano sexual femenino sea negativo. En realidad, parece ser que el origen es incierto.

Una posibilidad es que venga de «coña», lo cual, según el diccionario de la RAE, en el lenguaje coloquial es una cosa molesta. Y recordemos que esta palabra no siempre tiene connotaciones negativas («me va de coña»), al igual que no todo lo relacionado con las gónadas masculinas sea siempre bueno («el x de los cojones», «cojonero»…).

Otra posibilidad es que venga del latín «conatus», que, con estas transformaciones que han sufrido muchas palabras hasta llegar a nuestro día, se haya transformado en «coñazo». De esta palabra también viene «enconar», entre cuyas acepciones se encuentra “irritar, exasperar el ánimo de alguien”.

También (y esta es una historia loquísima, pero la lengua tiene muchas así) parece ser que en los años 10 un director de cine llamado Armando Flores estrenó una película cuyo argumento es ni más ni menos que un par de exploradores que encuentra una vulva gigante y se adentran en ella. A pesar de que el argumento podría interesar a más de uno, la cinta resultó ser tal bodrio que la expresión «coñazo» (coño grande) se quedó como sinónimo de algo insufriblemente aburrido. Por cierto, que después de tal fracaso he leído que el señor Flores abandonó el cine.

Antes de clamar machismo es interesante echarle un ojo a la etimología.

Por cierto, que esta investigación ha sido tan interesante que creo que voy a abrir una nueva sección dedicada al lenguaje.

 

Adiós, señor Hooper: la lección más difícil de Barrio Sésamo

Jim Henson amaba la televisión, y desde que se graduó enfocó su carrera en uno de los campos más creativos que ésta podía ofrecer: la publicidad. De hecho, dos de sus marionetas más famosas, la rana Gustavo y Rowlf el perro, fueron concebidas para promocionar el café Wilkins y la comida para perros Purina Dog Chow, respectivamente. Cuando en 1969 tuvo la oportunidad de colaborar en la creación de un programa para niños en la televisión pública estadounidense, el archiconocido Barrio Sésamo, una de las bases de su éxito fue el uso de fórmulas publicitarias para ayudar al aprendizaje: repeticiones, brevedad de las secuencias, uso de melodías asociadas a conceptos…Otra fue la interacción entre marionetas y humanos, representando el mundo de los niños y el de los adultos, un entorno diverso y seguro, con el que se podían identificar niños y familiares mayores.

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El actor Will Lee acompañado por dos de los muñecos más famosos del programa: Epi y Blas

Barrio Sésamo tuvo bastantes problemas. Los profesores más conservadores pensaban que este programa les podría quitar el trabajo, al enseñar a los niños cómodamente en el salón de sus hogares. E incluso su diversidad en cuanto a la representación femenina y de otras etnias no era bienvenida en un país que precisamente en ese tiempo pasaba por brutales luchas raciales y feministas en las calles. También se criticó la conducta violenta de algunas marionetas (o el miedo que inspiraba el Conde).

Una de las cuestiones más duras a la que el equipo tuvo que enfrentarse tuvo lugar en 1982, derivada precisamente del uso de personajes de carne y hueso: el actor Will Lee, que daba vida al señor Hooper, el tendero del barrio, moría a los setenta y cuatro años. ¿Cómo darles la noticia a los jóvenes espectadores?

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Cita a ciegas con un libro

Hace algún tiempo ya, en algunas bibliotecas de Estados Unidos, surgió una iniciativa enfocada a atraer la atención del público hacia ciertas obras que, por su desventaja en la competición feroz del mercado, con sus autores de renombre, sus costosas campañas de publicidad y sus portadas apetitosas, no terminan de llegar al público. Se trata de envolver le libro con papel marrón, ocultándolo por completo, y dejando solo unas pocas pistas que permitan conocer lo esencial del argumento.

La idea ha calado en el mundo entero y no solo en las bibliotecas: librerías como Eixo en Ourense también utilizan este método con parte de su mercancía (no se preocupen: pueden cambiar el libro si resulta que ya lo tienen). Incluso existe una página web especializada en vender libros a la aventura: https://blinddatewithabook.com

Una manera divertida e inteligente de promocionar autores y títulos desconocidos o infravalorados para el público general.

Mala educación, chantaje, mujeres fatales, crimen negro, ambigüedad moral, clásico. ¿Qué libro será? Ejemplo de presentación de uno de estos libros misteriosos.

Adiós a Chef: cuando la religión mató al amigo de los niños de South Park

Chef era uno de los personajes más queridos de South Park. De todos los adultos del pueblo y de la serie en general, era uno de los pocos con sentido común y el único que estaba allí para contestar a las preguntas de los niños y oír sus tribulaciones, aunque a veces su adicción al sexo le hiciera meterse inconscientemente en terrenos pantanosos. También fue durante mucho tiempo un personaje único étnicamente hablando, ya que hasta después de bastantes temporadas no pudimos ver a más personajes afroamericanos aparte de él y el pequeño Token y su familia.

Aparte de su personalidad, buena parte de su éxito se la debe a estar doblado por el famoso cantante de soul Isaac Hayes.

Pero ocurre a menudo en el mundo de las series que son los intérpretes los que, con sus desavenencias con los productores, guionistas o directores provocan la salida forzosa de sus personajes. No hay más que recordar el repentino coma y posterior muerte de Paloma, de la serie patria Aquí No Hay Quien Viva, debido a un desacuerdo en cuanto a su salario. En el caso de Hayes, su partida se debió a algo más profundo que el dinero: la religión.

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Los chicos de Dover, ¡cómo los odio!

Chuck Jones es uno de los directores más representativos y reconocibles de la historia de la animación de la compañía Warner y de la norteamericana en general. Ganador de dos Óscars, uno honorífico por su trayectoria, a él corresponden tres de los cinco cortos de la compañía que consiguieron el máximo honor que puede lograr una producción audiovisual en Estados Unidos: entrar en el Registro Nacional del Cine de la Biblioteca del Congreso para su conservación histórica. Por no hablar de que la mayor parte de los cortos de la factoría que resultaron premiados en la categoría de Mejor Corto Animado fueron dirigidos por él. Ha hecho reír al mundo desde que consiguió el puesto de director en Warner. Sin embargo, hasta 1942 Jones no encontró ninguno de sus cortos realmente gracioso. El primero con el que estuvo totalmente satisfecho era The Dover Boys at Pimento University, y eso que casi le costó el despido.

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