Hay una cosa que echo mucho de menos

Y es escribir cartas.

Sé que los correos electrónicos son gratuitos; y sí, son instantáneos. Pero añoro la emoción que se siente al abrir el buzón y encontrar entre facturas y folletos comerciales una carta escrita del puño y letra de un ser querido, en la que uno podía explayarse cuanto quisiera sin parecer cansino, para luego guardarla con cariño.

Supongo que entre eso y los móviles de tecla me he quedado anclada en los noventa.

Cartas desde la cárcel

Este año es el aniversario del comienzo de la Guerra Civil en España. Por lo que me han contado, uno de mis bisabuelos maternos murió de hambre para que no le faltara de nada a su familia, otro fue presuntamente fusilado y aún hoy no se han encontrado sus restos, y uno de los paternos estuvo en la cárcel por un asunto con un rojo.

Este último se llamaba Dámaso y hoy en día conservamos algunos de los dibujos y cartas que mandaba a su familia desde la cárcel, bien enmarcados. Incluye unos poemas que me gustaría compartir con vosotros.

 

“¡Vuela, vuela, golondrina!” (a mi bisabuela)

Golondrina, ¿estás cansada

que te has parado en mi reja?

¿No vuelas alborozada

en busca de tu pareja

que estará desconsolada?

¿Es que te agrada gozar 

del fresco aire el llano beso?

¿O es que quieres endulzar

con tu armonioso cantar

las tristes horas del preso?

Oye, golondrina hermosa,

tú que estás libre y con brío

¿quieres volar presurosa

y a una chatita llorosa

entregar un beso mío?

Dile que cese en el llanto

Dile que le mando un beso

Dile que al que sufre tanto

recrearle con tu canto

que me has visto, aunque estoy preso.

Dile que cuando destella

Venus fulgiendo con brío

manda su beso a la estrella

que a que llegue el beso de ella

estará esperando el mío.

Dile que una tarde fresca y bella 

te posastes en mi reja

que te di una dulce queja

y que te hablé mucho de ella.

No le digas que he llorado 

No le digas que estoy triste

Dile que aunque condenado

sonreía esperanzado

la tarde que tú me viste. 

Cuelga en su balcón tu nido

y con tu dulce cantar

cuando con rostro aflijido 

recuerde al esposo querido

no la dejes tú llorar.

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Felicitación (a mi abuela)

Por ser tu santo,

hija querida,

tú eres mi encanto

¡tú eres mi vida!

Son tus diez años,

mi Ana María,

¡mi gran consuelo!

dulce alegría

para tu padre.

Por ser tu día

¡felicidades!

que hoy te envía 

con mil abrazos

y muchos besos

¡de buena gana

yo te daría!