Un juego para aprender las comunidades

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Esta fue una donación a una biblioteca donde trabajaba y la dejé al alcance de los usuarios más pequeños porque, la verdad, es algo que a mí me habría encantado tener de pequeña. ¡Muy útil! Recuerdo que había un niño en particular que nada más entraba corría a por él.

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Cuando es buena idea abandonar tu proyecto

Siempre quise escribir. Desde pequeña me apasionaba la lectura y como le pasa a muchos lectores terminé sintiendo el impulso de escribir yo también. Siempre estoy con la cabeza en las nubes, imaginándome en toda clase de aprietos, pensaba. Ideas no me faltaban. Tenía una idea en particular: llevaba años escribiendo las desventuras de un chico gafe en formato guión, se lo enseñaba a mis amigos, llegué a conocer a gente gracias a cuando colgaba sus historias y dibujos en DeviantArt. Conforme fui creciendo, ese formato se me quedó pequeño y me dije que mi prosa estaba preparada para convertir la historia en una novela. Después de diez años los personajes y las tramas estaban lo suficientemente maduros, me dije.

Pues va a ser que no. Empecé a escribir dos años atrás y me quedé en el medio de la historia. Siempre surgía algún problema: personajes que no aportaban mucho al desarrollo de la trama ni del protagonista pero que quería demasiado como para eliminarlo, escenas que me habría gustado saltarme pero debían ocurrir, situaciones que no sabía escribir…Estaba terriblemente frustrada. Las musas pasaban por delante de mi puerta sin llamar. Sabía cómo terminar la historia, por qué debían pasar los personajes, pero me sentaba a escribir el medio y no me salía nada. Me paraba a leer lo que llevaba hecho y no me atraía ni a mí. Tuve momentos de inspiración, de escribir capítulos febrilmente, dejé de prestar atención a otros asuntos de mi vida para terminar, porque me había propuesto que del verano no pasaba. Y lo único que conseguí fue una frustración que hizo que volvieran las malditas taquicardias.

Como muchas veces hago cuando tengo un dilema (y sé que no soy la única), recurrí a San Google para que me guiara. No quería abandonar el proyecto, pero no sabía cómo continuarlo. Entonces me encontré una página en inglés de escritores para escritores. Una de las entradas incluía una frase que me marcó a la mañana siguiente al despertar.

«Llora la pérdida de tu argumento y sigue adelante».

Me recordó a mis taquicardias, el dolor, la tristeza. Lo odiamos, pero son las formas que tiene nuestro cuerpo de decirnos que hay algo que va mal. El bloqueo del escritor es igual. Creía que el problema era falta de disciplina, tal vez de habilidad. Pero comprendí que lo que realmente ocurría era que era una historia que no debía ser convertida en novela.

A partir de entonces, me di cuenta de las cosas que había escrito con las que realmente estaba satisfecha. Me encanta escribir para Rebelión Galáctica. En realidad, me gusta escribir relatos cortos. Siempre he sido muy de ir al grano. Si no hubiera sido por haber intentado escribir novela, no me habría dado cuenta de dónde está mi especialidad, cuáles son mis posibilidades, dónde está mi zona de confort. Ocurrió igual que con el fanfiction: son proyectos en los que he invertido mucho tiempo y energía, que me han ayudado a desarrollar mi escritura y tantear las ideas que funcionaban y que no, pero que no estaban destinadas a ser el centro de mi vida. Ni tan siquiera nada serio.

El fin de un proyecto, como dice la canción, como la muerte, no es el final. El esfuerzo invertido nunca es en vano. El fracaso es el mejor maestro del mundo. Siempre se puede rescatar de forma puntual una idea, un concepto, una frase, una escena. Yo estoy tranquila porque mi Carlitos no va a morir junto con la trama.

El método KonMari se puede aplicar incluso a la escritura: tomas todos esos apuntes, los aprietas contra tu pecho, les das las gracias por todo lo que has aprendido con ellos y lo mucho que has disfrutado escribiéndolos, y te deshaces de ellos.

Te ha tocado: Las elecciones desde detrás de la mesa electoral

Pues sí, este año las elecciones han sido muy interesantes para mí, aparte del interés por ver quién se hacía con el gobierno, porque me ha tocado ser presidenta de la mesa electoral a la que suelo votar. Cuando llamó al portero aquel agente de la policía local con el sobrecito, no daba crédito a lo que veían mis ojos. Eso de que te toque estar en una mesa electoral suena como que te toque la lotería: oyes hablar de gente a la que le ha pasado, pero nunca piensas que te puede suceder a ti. Pero la diferencia es que este es un deber ciudadano que le puede pasar a cualquiera, participe activamente o no. Por eso quiero compartir mi experiencia, teniendo en cuenta que este mes tenemos que volver a las urnas en España y habrá a quien le llamen a su puerta.

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Así que quieres salvar vidas: La primera vez donando sangre

Una de las cosas que quería hacer antes de morir era convertirme en donante de sangre, y lo conseguí el pasado mes de agosto. Una de las razones por las que no lo había hecho antes, aparte del tiempo, era la falta de información acerca del proceso. Aquí me gustaría compartir con vosotros lo que aprendí de la experiencia.

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