Fanfiction: los fans toman las riendas

Un cabo suelto en la trama, personajes que podrían haber hecho una buena pareja, un final alternativo, el punto de vista de un personaje sobre un determinado suceso…Muchas veces los seguidores de una serie, película, videojuego o libro tienen miles de ideas sobre sus obras favoritas, y algunas buenísimas. Ahí es donde entra en acción el fanfiction. «Fan» + «ficción» en inglés.

Algunos escritores como Meg Cabot, escritora de la saga de libros Princesa por sorpresa, defienden que se trata de una forma de aprender a contar una historia. Incluso autores de la talla de Neil Gaiman han escrito fanfiction. Uno de los mayores éxitos de los últimos años, Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, resulta ser una fanfiction basada en la saga de Crepúsculo de Stephenie Mayer (lo que se conoce como AU, o universo alternativo, en el que se pone a los personajes en un contexto muy diferente al de la historia).

De modo que de frikadas, nada. En la escritura, lo importante es practicar, practicar y practicar. Y engrasar el cerebro cuando se pasa una de esas épocas en que a uno no se le ocurre nada.

El único pero es que hay que tener cuidado. A muchos autores les halaga que los fans escriban sobre sus obras, pero hay otros que no. La escritora de la saga de Crónicas Vampíricas, Anne Rice, es conocida por su odio hacia el trabajo que los fans hacen de sus libros, hasta tal punto no sólo de llegar al acoso, sino que ha provocado que se tenga que especificar siempre al principio del escrito que el original no nos pertenece. Y ella no es la única, por lo que, si se va a publicar fanfiction, hay que tener cuidado con no meterse en problemas con el autor. No es tanto una cuestión de derechos de autor, porque los autores de fanfiction no cobran por sus escritos, como de no ofender.

Yo misma llevo escribiendo fanfiction desde 2010 (al menos, eso es lo que pone en mi perfil de FanFiction.net, porque mi memoria no da para mucho), bajo el seudónimo de Pájaros en la cabeza. Para mí, ha sido un modo de dar rienda suelta a las ideas que me saturan la cabeza, y de practicar la escritura. También he llegado a conocer a gente gracias a esto.

Suelo recomendar esta plataforma, FanFiction.net, para publicar fanfiction, porque es la única que conozco, pero si se tiene pensado escribir contenido adulto, es mejor pasarse a ArchiveOfOurOwn.org. Otra plataforma muy famosa, que ha ayudado a que vean la luz muchas novelas como la ya famosa saga juvenil After, de Anna Todd (en este caso, se trata de un AU de los miembros de la banda británica One Direction), es Wattpad.com. También se pueden publicar en el propio blog, como se hace a menudo en Tumblr. Todo es cuestión de encontrar el medio adecuado y de tener ganas y mucha imaginación.

Repito que hay fanfiction que son auténticas obras de arte y mejor escritas que muchos super-ventas, por no hablar de que en ocasiones sus tramas resultan mucho más satisfactorias que los originales. Además, cuentan con la ventaja de que quien lee los fanfiction ya conoce de sobra los personajes y los contextos. Echadles un vistazo y lo comprobaréis.

 

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Cuando es buena idea abandonar tu proyecto

Siempre quise escribir. Desde pequeña me apasionaba la lectura y como le pasa a muchos lectores terminé sintiendo el impulso de escribir yo también. Siempre estoy con la cabeza en las nubes, imaginándome en toda clase de aprietos, pensaba. Ideas no me faltaban. Tenía una idea en particular: llevaba años escribiendo las desventuras de un chico gafe en formato guión, se lo enseñaba a mis amigos, llegué a conocer a gente gracias a cuando colgaba sus historias y dibujos en DeviantArt. Conforme fui creciendo, ese formato se me quedó pequeño y me dije que mi prosa estaba preparada para convertir la historia en una novela. Después de diez años los personajes y las tramas estaban lo suficientemente maduros, me dije.

Pues va a ser que no. Empecé a escribir dos años atrás y me quedé en el medio de la historia. Siempre surgía algún problema: personajes que no aportaban mucho al desarrollo de la trama ni del protagonista pero que quería demasiado como para eliminarlo, escenas que me habría gustado saltarme pero debían ocurrir, situaciones que no sabía escribir…Estaba terriblemente frustrada. Las musas pasaban por delante de mi puerta sin llamar. Sabía cómo terminar la historia, por qué debían pasar los personajes, pero me sentaba a escribir el medio y no me salía nada. Me paraba a leer lo que llevaba hecho y no me atraía ni a mí. Tuve momentos de inspiración, de escribir capítulos febrilmente, dejé de prestar atención a otros asuntos de mi vida para terminar, porque me había propuesto que del verano no pasaba. Y lo único que conseguí fue una frustración que hizo que volvieran las malditas taquicardias.

Como muchas veces hago cuando tengo un dilema (y sé que no soy la única), recurrí a San Google para que me guiara. No quería abandonar el proyecto, pero no sabía cómo continuarlo. Entonces me encontré una página en inglés de escritores para escritores. Una de las entradas incluía una frase que me marcó a la mañana siguiente al despertar.

«Llora la pérdida de tu argumento y sigue adelante».

Me recordó a mis taquicardias, el dolor, la tristeza. Lo odiamos, pero son las formas que tiene nuestro cuerpo de decirnos que hay algo que va mal. El bloqueo del escritor es igual. Creía que el problema era falta de disciplina, tal vez de habilidad. Pero comprendí que lo que realmente ocurría era que era una historia que no debía ser convertida en novela.

A partir de entonces, me di cuenta de las cosas que había escrito con las que realmente estaba satisfecha. Me encanta escribir para Rebelión Galáctica. En realidad, me gusta escribir relatos cortos. Siempre he sido muy de ir al grano. Si no hubiera sido por haber intentado escribir novela, no me habría dado cuenta de dónde está mi especialidad, cuáles son mis posibilidades, dónde está mi zona de confort. Ocurrió igual que con el fanfiction: son proyectos en los que he invertido mucho tiempo y energía, que me han ayudado a desarrollar mi escritura y tantear las ideas que funcionaban y que no, pero que no estaban destinadas a ser el centro de mi vida. Ni tan siquiera nada serio.

El fin de un proyecto, como dice la canción, como la muerte, no es el final. El esfuerzo invertido nunca es en vano. El fracaso es el mejor maestro del mundo. Siempre se puede rescatar de forma puntual una idea, un concepto, una frase, una escena. Yo estoy tranquila porque mi Carlitos no va a morir junto con la trama.

El método KonMari se puede aplicar incluso a la escritura: tomas todos esos apuntes, los aprietas contra tu pecho, les das las gracias por todo lo que has aprendido con ellos y lo mucho que has disfrutado escribiéndolos, y te deshaces de ellos.