Una cosita que deberíamos tener clara, amigas feministas: El origen de «coñazo»

No es cien por cien seguro que «coñazo» derive de «coño» y por tanto sea una injusticia que «cojonudo» tenga connotaciones negativas mientras que la referencia al órgano sexual femenino sea negativo. En realidad, parece ser que el origen es incierto.

Una posibilidad es que venga de «coña», lo cual, según el diccionario de la RAE, en el lenguaje coloquial es una cosa molesta. Y recordemos que esta palabra no siempre tiene connotaciones negativas («me va de coña»), al igual que no todo lo relacionado con las gónadas masculinas sea siempre bueno («el x de los cojones», «cojonero»…).

Otra posibilidad es que venga del latín «conatus», que, con estas transformaciones que han sufrido muchas palabras hasta llegar a nuestro día, se haya transformado en «coñazo». De esta palabra también viene «enconar», entre cuyas acepciones se encuentra “irritar, exasperar el ánimo de alguien”.

También (y esta es una historia loquísima, pero la lengua tiene muchas así) parece ser que en los años 10 un director de cine llamado Armando Flores estrenó una película cuyo argumento es ni más ni menos que un par de exploradores que encuentra una vulva gigante y se adentran en ella. A pesar de que el argumento podría interesar a más de uno, la cinta resultó ser tal bodrio que la expresión «coñazo» (coño grande) se quedó como sinónimo de algo insufriblemente aburrido. Por cierto, que después de tal fracaso he leído que el señor Flores abandonó el cine.

Antes de clamar machismo es interesante echarle un ojo a la etimología.

Por cierto, que esta investigación ha sido tan interesante que creo que voy a abrir una nueva sección dedicada al lenguaje.

 

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