En defensa de los best-sellers

Puede que sea esta tendencia moderna de despreciar todo lo popular (en una carrera por ver quién es el más inconformista), pero no hago más que escuchar quejas acerca de los libros que lideran las listas de ventas. Quienes lo hacen alegan que no tienen profundidad ninguna, que cumplen la misma función que estos videojuegos que uno usa para pasar el rato sin poner sus neuronas a trabajar demasiado. Eso cuando no se quejan de los mensajes perjudiciales que esconden, como en el caso de 50 sombras de Grey, After Crepúsculo. 

Me gustaría recordar a estos paladines del buen gusto que el público no es siempre una masa borrega y a veces le presta atención a obras que realmente lo merecen.

Don Quijote fue tan popular en su día que Cervantes vivió para ver cómo se traducía a otras lenguas e incluso un tal Avellaneda publicó una segunda parte; hoy en día es considerada LA novela española, uno de los libros más traducidos después de la Biblia y otros libros sagrados. Agatha Christie y Arthur Conan Doyle definieron el género detectivesco con sus respectivas novelas. La saga Millenium atrajo la atención hacia la novela nórdica. Julio Verne, Victor Hugo, Stephen King, Carlos Ruiz Zafón o Tolkien han sido autores que han vendido muchísimo tanto vivos como después de su muerte, y seguro que el lector puede decirme algún clásico suyo. Están también Lo que el viento se llevó, El principito, Mujercitas, Matar a un ruiseñor, El guardián entre el centeno, El nombre de la rosa…, muchos de ellos se estudian en alguna fase de nuestra educación.

Pero el valor de los best-sellers no sólo tiene que ver con la literatura. A veces éstos son capaces de cambiar el mundo. Recordemos que La cabaña del Tío Tom causó tal impacto que la sociedad estadounidense comenzó a cuestionarse su muy arraigada esclavitud. La primera tirada de El origen de las especies se agotó el primer día, y otra obra científica, Historia breve del tiempo, se llegó a convertir en un récord debido a las semanas consecutivas que fue éxito de ventas (237, concretamente). También cabe mencionar que el autor Charles Dickens denunció en sus folletines las condiciones miserables de las clases bajas londinenses, especialmente los niños. ¿Y qué decir del testimonio de la ocupación nazi de Ámsterdam de Ana Frank en su Diario, también un éxito de ventas?

Incluso si la obra en sí es cuestionable, las hay que han conseguido algo de lo que nos deberíamos alegrar. Como decía Cervantes: «no hay libro tan malo que no tenga algo bueno». Tanto la saga de Harry Potter como Crepúsculo han ayudado a que los más jóvenes se iniciaran en el hábito de la lectura y a su interés en la temática fantástica. Otra más adulta, 50 sombras de Grey, también ha ayudado a que las mujeres no tengan tantos reparos a la hora de disfrutar de su sexualidad y consumir literatura erótica, la cual también se ha visto impulsada por su popularidad.

Lectura recomendada:

Código Bestseller – Sergio Vila-Sanjuán (2011)

 

 

Cuando el tío Tom conmovió al tío Sam

Algunos best-sellers, a pesar del empeño de algunos por menospreciarlos, tienen una calidad incuestionable. También para aquellos que piensan que la ficción es completamente inútil habría que recordarles que hubo un día en que la escritora Harriet Beecher Stowe tuvo una entrevista con Abraham Lincoln y éste la miró y dijo: «Así que usted es la mujercita que escribió el libro que empezó esta gran guerra».

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Reseña: El rapto de las musas

Es la primera vez que participo en un sorteo en WordPress y he tenido la suerte de ganar un libro de A. FuentegrísEl rapto de las musas: técnicas para mejorar tu creatividad. En agradecimiento, y como creo que se debe promocionar a los autores, voy a dejaros mis impresiones.

Aunque no escribo profesionalmente, sí que llevo toda la vida haciéndolo por mero disfrute. Aparte de eso, sabéis que la biblioteca es mi vocación, así que elegí este libro porque pensé que sería útil para esos momentos en que uno quiere, necesita escribir y sencillamente no puede. Y sí, lo ha sido.

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