En caso de emergencia: Pequeñas directrices de primeros auxilios

Dicen que los primeros auxilios son una asignatura pendiente en nuestra sociedad, así que quería compartir unas directrices que aprendí en un cursillo sobre riesgos laborales de mi lugar de trabajo.

Reanimación cardiopulmonar:

Lo primero es preguntar a la persona si está bien golpeando la planta del pie con los nudillos para comprobar si reacciona. No sabemos si quien está tendido en el suelo está inconsciente, dormido o si ha bebido demasiado.

Si no lo hace, antes de intentar nada, hay que comprobar que el lugar sea seguro tanto para nosotros como para el accidentado, para tratar de apartarnos a ambos del peligro. Por ejemplo, en el caso de una colisión múltiple en la carretera lo mejor que podemos hacer para no arriesgar nuestra vida tratando de auxiliar a alguien es permanecer dentro del coche. Luego, imprescindible, avisar a emergencias. Si estamos acompañados, lo mejor será que digamos a alguien que lo haga mientras nosotros tratamos de realizar las maniobras, eso si no hay alguien más experimentado en el lugar. Importante: hay que señalar directamente a los que vayan a intervenir, porque está comprobado que la responsabilidad se diluye en la multitud…el típico “alguien lo hará”. En España el número que hay que marcar es el 112. Tendremos que identificarnos, señalar nuestra ubicación y decir los síntomas que muestre la persona.

Comprobamos desde el lado derecho de la persona si el tórax sube y baja, escuchar su respiración y comprobar el pulso. Si no respira y no hay pulso, hay que hacer 30 compresiones, apoyando el talón de la mano, entrelazando los dedos y manteniendo tanto la espalda como los brazos rectos (nuestra profesora nos lo enseñó al ritmo de Bob-Es-pon-ja), en series de 5 veces, hasta que reaccione o acudan los servicios de emergencias. Eso que se ve en las películas de incluir respiración boca a boca sólo debería hacerlo un experto.

El caso de los niños es más delicado, al poder hacerles daño usar demasiada fuerza. Se puede usar una sola mano para hacer las compresiones para los mayores de un año y en el caso de los bebés, dos dedos sobre el esternón; la otra mano iría a sujetar la cabeza de modo que se permita la entrada de aire.

Atragantamiento:

Empezamos este año con la noticia de que un niño de tres años murió al atragantarse durante las Campanadas con una uva. Para estos casos hay que utilizar la maniobra de Heimlich.

La usaremos en el caso de que otros métodos no funcionen. Primero hay que asegurarse de que no podemos extraer el objeto con unas pinzas, palos o cualquier otro objeto. No hay que usar los dedos porque la persona podría cerrar las mandíbulas fuertemente y causarnos un buen problema. Luego, se animaría a la persona a expulsar el objeto ella misma. Colocándonos detrás, a un paso de distancia, sujetamos a la persona por el estómago y la animamos a que tosa con todas sus fuerzas, golpeando cinco veces con el talón de la mano en la espalda.

Si no hay reacción, se rodea a la persona con los brazos y con el puño cerrado y el pulgar metido hacia adentro (para evitar fracturas), se sitúa alrededor de la tercera costilla, nos agachamos un poco y empujamos para adentro y hacia arriba.

Si no funciona, habrá que hacer la RPC.

Como el caso de los niños pequeños y las mascotas es diferente, os dejo estos gráficos que he encontrado:

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Cómo dar la mejor versión de ti mismo y no morir intentándolo

El afán por ser productivo me ha pasado factura emocional y física, no lo escondo. En estos tiempos hay tanta competitividad que hasta intentamos convertir a nuestros hijos en genios antes de que hayan salido siquiera del útero. Para encontrar trabajo hay que ser el mejor, estar en todas partes, ser completamente eficiente, impecable. Es imposible ser así sin que haya algún coste. Es algo que me ha costado comprender, pero así es.

De modo que aquí van algunas cosillas que he aprendido para dar lo mejor de uno mismo sin caer en la trampa de querer ser Superman. Por supuesto, esto puede no funcionarle a todo el mundo, pero son recomendaciones basadas en mi propia experiencia:

  1. Lleva una agenda o planificador. Que me dieran una agenda cuando empecé a ir al instituto es una de las mejores cosas que alguien ha hecho por mí. Creo que los beneficios son obvios: ayudan a no olvidar las tareas importantes, a planificarnos, a hacer seguimientos…Prefiero utilizar un calendario para las cosas que hay que hacer en un determinado día y poner una lista de tareas pendientes y el seguimiento de las distintas áreas de mi vida en mi agenda de hojas intercambiables. Aunque quiero hablar de los planificadores en una entrada aparte, recomiendo investigar sobre los bullet journals, comenzando por el libro de Ryder Carroll El método Bullet Journal.
  2. Asimismo, lleva un diario. Aunque se puede juntar con la agenda personal (hay ejemplos de cómo la gente se sirve de códigos de colores, gráficos o dibujitos para medir su estado anímico), prefiero dejarlo aparte. Al igual que ocurre con los recordatorios de contraseñas, nunca sabes si alguien lo va a leer o si se va a perder. Recomiendo el diario de toda la vida, de cuando éramos adolescentes. No es en absoluto un hábito pueril: hay veces en que hay cosas que no podemos confiar a nadie más y escribir nos desahoga, y tiene la ventaja de que pasado un tiempo podemos leer y analizar.
  3. Haz de tu entorno un lugar inspirador. Si Marie Kondo está conquistando tantos corazones en Occidente creo que es porque nos ha ayudado a darnos cuenta de que estamos rodeados de cosas que no son ni útiles ni nos hacen sentir felices, en ese afán por aparentar o llenar vacíos con objetos. En este caso también recomiendo su libro La magia del orden, aunque hay muchísimos títulos que se han editado siguiendo su estela que vienen a decir lo mismo: deberíamos desechar (no hay por qué tirar necesariamente: siempre podemos donar, vender o hacer manualidades) todo aquello que ni nos hace la vida más fácil ni nos saca una sonrisa cada vez que lo vemos. Aparte de que sacar la basura nos ayudará a obtener espacio libre y con ello una mente más clara, haremos espacio para cosas que nos inspiran. Fotografías de la gente a la que queremos, los lugares que más amamos, un corcho donde tenemos cosas que nos recuerdan adónde queremos ir…Una de las cosas que aprendí cuando murió mi abuela de repente es que es mejor acumular buenos recuerdos y la sensación de que se ha vivido una vida excitante y feliz que un montón de objetos que un día acabarán en la basura.
  4. Búscate una afición productiva. De esas que quedan bien en el currículum. ¿Te gusta escribir? Escribe para concursos, fanfiction, en un blog o atrévete a probar suerte con una novela. ¿Te gusta moverte? El deporte ayudará a que estés sano y fuerte, y dice mucho sobre el afán de superación y el compromiso de una persona. ¿La jardinería? No sólo se contribuye al medio ambiente, sino que puede venir bien para cosechar ingredientes para cocinar. ¡Cocina! ¡Otra buena afición! La lista es infinita. El caso es encontrar una forma sana de pasar el tiempo que te ayude a dar la mejor versión de ti mismo. También puede permitirte explorar nuevos horizontes y empujarte a llevar a cabo retos interesantes.
  5. Aprovéchate de los recursos gratuitos de formación. El que no aprende es porque no quiere. El conocimiento es una de las mejores inversiones que una persona puede hacer. Hoy en día, por fortuna, no está al alcance de unos pocos, y no hace falta gastarse un dineral en el aprendizaje. En prácticamente todas las ciudades se llevan a cabo cursillos gratuitos de vez en cuando, convocados por asociaciones o concejalías, y si nos apuntamos a la oficina de empleo siempre ofrecen una gran cantidad de certificados y cursos, muchas veces con prácticas en empresas. Ah, y recordemos el título de este blog. Pues sí: en las bibliotecas ofrecemos toda clase de materiales y sólo hay que sacar la cartera para tomar el carné de usuario. No sólo eso, ¿dónde estás leyendo esto ahora mismo? En Internet está todo el conocimiento del mundo. Usémoslo para algo más que ver vídeos de gatitos.
  6. Lee más no-ficción. Una cosa no quita la otra, por supuesto. No quiero decir con esto que la ficción no sirva para nada. Pero te sorprendería la cantidad de cosas que uno puede aprender a partir de un libro, una revista temática, un periódico o un artículo. Sobre todo si quieres investigar sobre un tema que te interese.
  7. Cambia tu rutina. Para mí no hay peor cosa en el mundo que el aburrimiento. No puedo con él. Me mata. Y sé que no soy la única porque, hablando claro, mucha gente haría lo que fuera por matar el aburrimiento…de ahí el auge de los juegos en el móvil, ésos que no requieren un gran esfuerzo mental pero que lo mantienen a uno como hipnotizado. Aunque formar un hábito o rutina es bueno porque el cerebro desconecta, no es tan bueno si no utilizamos esa energía ahorrada en algo. Es mejor hacer un cambio de vez en cuando, para que no se nos coma la monotonía. Volver a casa siguiendo una ruta distinta, probar una afición nueva, el estilo de vestir, unas vacaciones distintas, probar una comida que nunca antes habías probado…
  8. Búscate un incentivo. Yo soy una lectora redomada, así que en mi caso utilizo los libros como chantaje emocional. “Si escribes dos capítulos más, te puedes comprar un libro”. “Si sales a caminar esta tarde y repites otros dos días más…”, “Si mandas al menos un currículum hoy…”, “Si quitas el polvo a las mancuernas y te pones en serio…”. Cada uno tenemos nuestro pecadillo, así que podemos usarlo a nuestro favor para implantar buenos hábitos. Eso sí, ¡nada de hacer trampas o no tendrá sentido!
  9. Aprende cuál es tu forma idónea para estudiar. No todo el mundo aprende de la misma forma. En realidad, se debería enseñar en el colegio que aprender no es pasarse horas y horas hincando los codos para luego vomitar los contenidos y por fin olvidarlo todo. Hay a quien le funciona, pero a la mayoría no. Conviene hacer un ejercicio de autoreflexión para ver de qué forma se nos quedan mejor los conceptos. Los hay a quien las imágenes les ayuda, escuchar, con un profesor, o solos en un ambiente relajado, enseñando a otros…En mi caso, por poner un ejemplo, he descubierto que se me quedan los conceptos cuando leo sobre el tema en cuestión y escribo sobre ello en resúmenes o blogs como éste.
  10. Entrena tu cerebro. Dicen que el cerebro es como un músculo más y, como tal, hay que darle un poco de entrenamiento. Hace algunos años se puso muy de moda el videojuego Brain Training. Aunque ahora ya parece haberse quedado atrás, sus lecciones siguen siendo valiosas: hacer cálculos matemáticos (sin usar la calculadora, claro), dibujar, leer, etc. ayudan a activar las células grises, como las llamaba Hercules Poirot. Y no hace falta gastarse dinero en una consola: jugar al ajedrez, utilizar la mano no dominante, aprender habilidades nuevas, hacer sudokus u otra clase de pasatiempos y ejercitarse también ayudan a tener una mente más clara. Y si es de una forma divertida, mejor.
  11. Prueba hasta encontrar tu vocación. Esta es mi historia: yo en el instituto no sabía hacia dónde quería ir. Estaba perdida en ese mar de vocaciones y profesiones, no sabía adónde ir, no creía que fuera a encajar en ninguna parte. Era tremendamente tímida, pero muy organizada. Al final escogí una filología por mi habilidad para los idiomas. Pensaba convertirme en traductora, traducir libros y películas…Pero, allí, tuve una revelación. Libros. Eso era lo que me atraía. Y como tenía bastante trabajo que hacer, tenía que pasarme horas en la biblioteca, y descubrí que me encantaba ese lugar, silencioso, con tanto conocimiento al alcance de la mano. Se me encendió la bombilla. Allí podía ser yo misma, tan apocada como siempre, y podía dar lo mejor de mí. Eso sí, gracias a que los idiomas son imprescindibles para encontrar información útil y la literatura extranjera que dimos, nunca me arrepentí de la carrera que escogí. También amaba la escritura, y por eso estoy aquí, en WordPress. Encontrar lo que te empuja hacia adelante, lo que hace que tu corazón se desboque es complicado. A veces lleva toda una vida. Pero el momento llega, tarde o temprano, y lo mejor es que nunca es tarde. Todo lo que hayas aprendido hasta llegar allí te servirá para algo, ningún conocimiento es inútil. Esto no viene sólo a cuenta de la carrera laboral: siempre hay algo que nos fascina y que saca nuestra mejor cara.
  12. Comparte lo que sabes con otros. «¡Debería estar en un museo!». Esa protesta de Indiana Jones en la tercera película, respecto a un tesoro arqueológico del que se ha apropiado un coleccionista, me ha marcado profundamente. De nada sirve la riqueza interior si no la compartes con nadie. Quien sabe si lo que tú tienes en la cabeza le puede salvar la vida a una persona.
  13. Encuentra una forma para expresarte. Dibuja, aunque parezca que te hayas puesto el lápiz entre las nalgas. Escribe, aunque sea un bodrio infumable. Baila, aunque dé la sensación de que tienes dos pies izquierdos. Escribe un diario. Apúntate a un foro de rol. Dale golpes a un saco de boxeo. Aporrea una batería. Habla con quienes hace tiempo que ya no están contigo. Toca el piano. Únete a una de esas páginas para solteros. Lo que sea. Como he dicho anteriormente, hay cosas que no deberían quedarse dentro. Esta vez no hablo del conocimiento, de una contribución a la sociedad, sino de una válvula de escape emocional. Te hará muchísimo bien. No hay nada peor que tragarse las alegrías y las tristezas. Y, quién sabe, aparte de dejar salir muchas cosas puede que encuentres un talento que tenías escondido. Muchos artistas famosos han utilizado su arte como una forma de exorcizar sus demonios.
  14. Para cuando lo creas necesario. Todo lo que he dicho anteriormente está muy bien, pero hay momentos en que uno debe parar y descansar. No se puede tratar de vivir una vida cien por cien productiva. Debemos perder el tiempo en “cosas inútiles” que, al fin y al cabo, nos hacen felices o nos ayudan a descansar. No hagáis como yo, que tuve que pasar por secuelas físicas del estrés para darme cuenta de esto. Es cierto que hay que exprimir la vida, pero no estamos aquí para ser los mejores las veinticuatro horas del día.

Librándonos de la propaganda electoral

Los próximos meses vienen moviditos: elecciones municipales, regionales, generales y europeas. Y a mí va y me toca ser presidenta de la mesa electoral. En fin, los hay que tienen claro a qué partido va a destinar su voto y otros que no, y siempre están los que cambian de opinión. Para todos estos van destinadas las papeletas ya preparadas que los partidos políticos nos envían a nuestros buzones. Sin embargo, no siempre son bien recibidos. Yo los suelo usar para escribir por la otra cara y para añadir nombres y apellidos de las listas a mi colección.

Sin embargo, no es algo que tengamos que aguantar sí o sí: existe la opción de darnos de baja.

 

  1. Vamos a la sede electrónica del Instituto Nacional de Estadística 
  2. Pinchamos en “Presentación de la solicitud”

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3. Nos identificamos (hay que poseer certificado digital, DNI electrónico o cl@ve)

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4. Nos aparecerá una pantalla con nuestros datos. Pinchamos en el enlace que dice “Para solicitar la inclusión/exclusión en las copias para partidos políticos pulse aquí”

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5. Abrimos el desplegable y seleccionamos EXCLUIDO (o INCLUIDO, si queremos que nos manden la propaganda) y pulsamos el botón “Enviar solicitud”

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6. ¡Listo! Podemos obtener un justificante imprimible pulsando en el botón “Obtener justificante” (ver cuarta pantalla)

Recursos para bibliotecarios o curiosos

Para todo aquel que, como yo, esté preparando oposiciones, o que quiera saber sobre la legislación bibliotecaria, he encontrado una sección de la Biblioteca Nacional dedicada a ello. Todo lo que hay es de libre acceso y está muy completo:

http://www.bne.es/es/Inicio/Perfiles/Bibliotecarios/RecursosBibliotecarios/